CAPÍTULO 7
Comienzo · continuación 7
E así pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas facía lo quel mandaba. E acostáronse a dormir, e desque hobieron dormido una pieza dijol él:
--Con esta saña que hobe esta noche non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno e tenedme bien adobado de comer.
E cuando fué gran mañana los padres et las madres et los parientes llegaron a la puerta, et porque non fablaba ninguno, cuidaron que el novio estaba muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más.
E cuando ella los vió a la puerta llegó muy paso et con grand miedo et comenzoles a decir:
--Locos traidores ¿qué facedes? ¿cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡callad! sinón todos, tambien vos como yo, todos somos muertos.
E cuando todo esto oyeron, fueron mucho maravillados et desque sopieron como pasaron en uno, presciaron mucho el mancebo porque así sopiera facer lo quel cumplia et castigar tan bien su casa.
Et daquel día adelante, fué aquella su mujer muy bien mandada et hobieron muy buena vida.
Et dende a pocos dias su suegro quiso facer asi como ficiera su yerno, et por aquella manera mató un gallo: et díjole su mujer:
--A la fe, don fulano, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matásedes cient caballos, que ante lo hobiérades a comenzar, ca ya bien nos conoscemos.
Et vos señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal mujer, si fuere él tal como aquel mancebo consejalde que case seguramente, ca él sabrá como ha de pasar en su casa, mas si non fuere tal que entienda lo que debe facer et lo quel cumple dejadle que pase por su ventura. Et aun consejo a vos, que con todos los homnes que hobierdes a facer, que siempre les dedes a entender en cual manera han de pasar con vusco.
E el conde tovo este por buen consejo, et fízolo así et fallose dello bien.
Et porque don Johan lo tovo por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Si al comienzo non muestras qui eres, Nunca podrás despues cuando quisieres[39].
[39] El mismo asunto, dramatizado por Shakespeare en su deliciosa comedia _Taming of the Shrew_, varias veces traducida al castellano, y recientemente, con gran fortuna, por D. Gregorio Martínez Sierra, con el título _Domando la tarasca_. Titúlase otra versión castellana menos fiel y de menor valor literario, _La fierecilla domada_.
También en la literatura francesa arraigó el asunto. Puibusque cita una comedia titulada _La jeune femme colère_.
EJEMPLO XXXVI
De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.
Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:
--Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un mercadero que fué un día comprar sesos.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--, en una villa moraba un grand maestro que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el seso, que asi había de dar el prescio por él. Et díjole el mercadero que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:
--Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.
E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et diógela.
E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta que sopiese toda la verdat.
E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este seso en el corazón.
Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo, conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía nuevas de su marido.
Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.
E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la madre preguntol:
--¿Di, marido, onde vienes?
E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.
Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que comprara non se arrebató.
Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.
Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo llorando muy fuerte.
--¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por amor de Dios id allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios que sabredes algunas nuevas dél.
E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.
Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy aina repentir.
E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si con rebato grant cosa ficieres, Ten que es derecho si te arrepentieres[40].
[40] Knust escribe acerca de este cuento una larguísima disquisición, analizando procedencia y ramificaciones de cada uno de los elementos que lo integran.
EJEMPLO XXXVII
De la respuesta que dió el conde Ferrant Gonsales a sus gentes después que hobo vencido la batalla de Facinas.
Una vegada vinia el conde de una hueste muy cansado et muy lazdrado et muy pobre, et ante que hubiese folgar nin descansar, llegol mandado muy presurado de otro fecho que se movía de nuevo: et los más de su gente consejáronle que folgase algún tiempo et después que faría lo que se le guisase. Et el conde preguntó a Patronio lo que faría en aquel fecho. Et Patronio díjole:
--Señor, por que vos escojades en esto lo mejor mucho querría que sopiésedes la respuesta que dió una vez el conde Ferrant Gonsales a sus vasallos.
E el conde preguntó a Patronio como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--cuando el conde Ferrant Gonsales venció al Rey Almanzor en Facinas, murieron y muchos de los suyos: et él et todos los más que fincaron vivos fueron muy mal feridos: et ante que hubiasen guarescer sopo quel entraba el rey de Navarra por la tierra, et mandó a los suyos que enderezasen a lidiar con los navarros.
Et todos los suyos dijiéronle que tenían muy cansados los caballos et aun los cuerpos, et aunque por esto non lo dejase que lo debía dejar porque él et todos los suyos estaban muy mal feridos, et que esperase fasta que fuesen guaridos él et ellos.
E cuando el conde vió que todos querían partir de aquel camino, sintiendose más de la honra que del cuerpo, díjoles:
--Amigos, por las feridas non lo dejemos, ca estas feridas nuevas que agora nos darán, nos farán que olvidemos las que nos dieron en la otra batalla.
E desque los suyos vieron que se non dolía del su cuerpo por defender su tierra et su honra fueron con él. Et venció la lid et fué muy bien andante.
Et vos señor conde Lucanor, si queredes facer lo que debierdes cuanto viéredes que cumple para defendimiento de lo vuestro, et de los vuestros, et de vuestra honra, nunca vos sintades por laceria nin por trabajo, nin por peligro et facet en guisa que el peligro et la laceria nueva vos faga olvidar lo pasado.
E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose dello muy bien.
Et entendiendo don Johan que este era muy buen ejemplo, fizolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Aquesto tenet cierto, que es verdat probada, Que honra et grand vicio non han una morada[41].
[41] Está más por extenso contado en _La crónica del noble caballero al conde Fernán González_, cap. VII, Burgos, 1516 (Knust).
EJEMPLO XXXVIII
De lo que contesció a un homne que iba cargado de piedras preciosas et se afogó en el rio.
Un día dijo el conde a Patronio, que había muy grand voluntad de estar en una tierra porquel habían de dar y una partida de dineros, et cuidaba facer y mucho de su pro, pero que había muy grand recelo que, si allí se detoviese quel podría venir muy grand periglo del cuerpo, et quel rogaba quel consejase que faría en ello.
--Señor conde--dijo Patronio--para que vos fagades en esto al mio cuidar lo que vos más cumple, sería muy bien que sopiésedes lo que contesció a un homne que llevaba una cosa muy presciada en el cuello et pasaba un rio.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--un homne levaba muy grand pieza de piedras preciosas a cuestas, et tantas eran que se le facían muy pesadas de levar: et acaesció que hobo de pasar un grand rio; et como él levaba grand carga, zafondaba más que si aquella carga non levase: et cuando fué en hondo del río comenzó a zafondar mucho.
Et un homne que estaba a la orilla del rio comenzol a dar voces et decir que, si non echase aquella carga, que sería muerto. Et el mesquino loco non entendió que, si muriese en el rio, que perdería el cuerpo et la carga que levaba, et si la echase que, aunque perdiese la carga que non perdería el cuerpo. Et por la grand cobdicia de lo que valían las piedras preciosas que levaba, non las quiso echar et murió en el rio et perdió el cuerpo et perdió la carga que levaba.
Et vos, señor conde Lucanor, comoquier que de los dineros et de lo al que podríedes facer vuestra pro sería bien que lo ficiésedes, conséjovos yo que si peligro de vuestro cuerpo fallades en la fincada, que non finquedes y por cobdicia de dineros nin de su semejante. Et aun vos consejo que nunca aventuredes el vuestro cuerpo si non fuere por cosa que sea vuestra honra o vos sería mengua si lo non ficiésedes, ca el que poco se prescia et por cobdicia o por devaneo aventura su cuerpo, bien creed que non tiene mientes de facer mucho con el su cuerpo, ca el que mucho prescia el su cuerpo ha menester que faga en guisa por que lo precien mucho las gentes, et non es el homne preciado por preciarse él mucho, mas es muy preciado por que faga tales obras quel precien mucho las gentes. Et si él tal fuere, cierto seed que preciará mucho el su cuerpo et non lo aventurará por cobdicia nin por cosa en que non haya grand honra, mas en lo que se deberíe aventurar, seguro sed que non ha homne en el mundo que tan aína nin tan de buena mente aventure su cuerpo, como el que vale mucho et se precia mucho.
E el conde tovo este por buen ejemplo, et fízolo así et fallose dello muy bien.
Et por que don Johan entendió que este era muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Quien por grand cobdicia de haber se aventura, Será maravilla que el bien muchol dura.
EJEMPLO XXXIX
De lo que contesció a un homne con la golondrina et con el pardal.
Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
--Patronio, yo non puedo escusar en ninguna guisa de haber contienda con uno de dos vecinos que yo he, et contesce así que el más mio vecino non es tan poderoso, et el que es más poderoso non es tanto mio vecino. Et agora ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.
--Señor conde--dijo Patronio--para que sepades para esto lo que vos más cumple, sería bien que sopiésedes lo que contesció a un homne con un pardal et con una golondrina.
E el conde le preguntó que como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--un homne era flaco et tomaba grand enojo con el roido de las voces de las aves et rogó a un su amigo quel diese algún consejo, que non podía dormir por el roido quel facian los pardales et las golondrinas.
Et aquel su amigo le dijo: que de todos modos non le podía desembargar, mas que él sabía un escanto con que lo desembargaría del uno dello: o del pardal, o de la golondrina.
Et aquel que estaba flaco respondiol que comoquier que la golondrina da mayores voces, pero porque la golondrina va et viene et el pardal mora siempre en casa que antes se querría parar al roido de la golondrina maguer que es mayor porque va et viene, que al del pardal que está siempre en casa.
Et vos señor conde, comoquier que aquel que mora más lejos es más poderoso, conséjovos yo que hayades ante contienda con aquel que vos está más acerca aunque non sea tan poderoso.
E el conde tovo esto por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.
Et porque don Johán se pagó deste enjiemplo, fizolo poner en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:
Si en toda guisa contienda hobieres de haber, Toma la más lejos, aunque haya más poder.
EJEMPLO XL
De las razones por que perdió el alma un Siniscal de Carcasona.
Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:
--Patronio, porque yo sé que la muerte non se puede escusar querría facer en guisa que después de mi muerte, que dejase alguna cosa señalada, que fincase por mi alma et que fincase para siempre, porque todos sopiesen que yo feciera aquella obra. Et ruégovos que me consejedes en que manera lo podría facer mejor.
--Señor conde--dijo Patronio--comoquier que el bien facer en cualquier guisa o por cualquier entención que se faga siempre el bien facer es bien, pero para que vos sopiésedes como se debe facer lo que homne face por su alma et a cual entención, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un Senescal de Carcaxona.
E el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--un Senescal de Carcasona adolesció. Et desque entendió que non podía escapar, envió por el prior de los fraires predicadores, et por el guardián de los fraires menores et ordenó con ellos facienda de su alma. Et mandó que luego que él fuese muerto que ellos cumpliesen todo aquello que él mandaba.
Et ellos ficiéronlo así. Et él había mandado mucho por su alma. Et porque fué tan bien complido et tan aina, estaban los fraires muy pagados et en buena entención et buena esperanza de la su salvación.
E acaesció que dende a pocos días que fué una mujer demoniada en la villa, et dicía muchas cosas maravillosas, porque el diablo, que fablaba en ella, sabía todas las cosas fechas et aun las dichas.
E cuando los fraires en que dejara el Senescal fecho de su alma, sopieron las cosas que aquella mujer dicía, tovieron que era bien de irla ver por preguntarle si sabía alguna cosa del alma de Senescal.
Et ficiéronlo así. Et luego que entraron por la casa do estaba la mujer demoniada, ante que ellos le preguntasen ninguna cosa: díjoles ella que bien sabía porque vinían, et que sopiesen que aquella alma por que ellos querían preguntar, que muy poco había que se partiera della et la dejara en el Infierno.
E cuando los fraires esto oyeron, dijiéronle que mentía, ca cierto era, que él fuera muy bien confesado et recibiera los sacramentos de Sancta Eglesia, et pues la fe de los cristianos era verdadera, que non podía seer que fuese verdat lo que ella dicía.
Et ella dijoles: que sin dubda la fe et la ley de los cristianos toda era verdadera, et si él muriera et ficiera lo que debe facer el que es verdadero cristiano, que salva fuera la su alma; mas él non lo fizo como verdadero nin bueno cristiano, ca como quier que mucho mandó facer por su alma, non lo fizo como debía nin hobo buena entención, ca él mandó complir aquello después que fuese muerto, et su entención era que si muriese que lo cumpliesen, mas si visquiese, que non ficiese nada dello, et mandolo complir después que muriese cuando non lo podía tener nin levar consigo, et otrosí dejábalo porque fincase dél fama para siempre de lo que ficiera porque hobiese fama de las gentes et del mundo. Et por ende como quier que él fizo buena obra non lo fizo bien, ca Dios non gualardona solamente las buenas obras, mas gualardona las que se facen bien. Et este bien facer es en la entención, et porque la entención del Senescal non fué buena, ca fué cuando non debía seer fecha, por ende non hobo della buen gualardón.
Et vos señor conde, pues me pedides consejo, digovos, que al mio grado, que el bien que quisiéredes facer, que lo faredes en vuestra vida: et para que hayades dello buen gualardón, conviene, que lo primero, que desfagades los tuertos que habedes fecho, ca poco valdría robar el carnero et dar los pies por amor de Dios. Et a vos poco vos valdría tener mucho robado et furtado a tuerto et facer limosnas de lo ajeno. Et más, para que la limosna sea buena conviene que haya en ella estas cinco cosas: la una que se faga de lo que un homne hobiere de buena parte; et la otra, que la faga estando en verdadera penitencia et la otra que sea tanta que sienta homne alguna mengua por lo que da, et que sea cosa de que se duela homne; e la otra, que la faga en su vida, e la otra que la faga homne simplemente por Dios et non por vanagloria nin ufana del mundo. Et, señor, faciéndose estas cinco cosas, serian todas las buenas obras et limosnas bien complidas, et habría homne de todas muy grand gualardón, pero vos nin otro ninguno que tan complidamente non las pudiese facer, non debe por eso dejar de facer buenas obras, teniendo que pues non las face en las cinco maneras que son dichas que non le tiene pro de las facer, ca esta sería muy mala razón et sería como desesperamiento, ca cierto es que en cualquier manera que homne faga bien, que siempre es bien, ca las buenas obras prestan al homne a salir de pecado et venir a penitencia et a la salud del cuerpo, et a que sea rico et honrado, et que haya buena fama de las gentes et para todos los bienes temporales. Et asi todo bien que homne faga a cualquier entención siempre es bueno, mas sería muy mejor para salvamiento et aprovechamiento del alma guardando las cinco cosas dichas.
E el conde tovo que era verdat lo que Patronio le dicía et puso en su corazón de lo facer asi et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese facer en la manera que Patronio le dicía.
Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Faz bien et a buena entención en toda vida Si quieres ganar la gloria complida[42].
[42] Relaciona Knust este cuento con el refrán catellano viejo: El abad de Bamba, lo que no puede comer lo da por su alma.
EJEMPLO XLI
De lo que contesció a un rey de Córdoba quel dicían Alhaquen.
Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:
--Patronio, vos sabedes que yo so muy gran cazador et he fecho muchas cazas nuevas que nunca fizo otro homne. Et aun he fecho et añadido en las pihuelas et en los capiellos algunas cosas muy aprovechosas que nunca fueron fechas. Et agora los que quieren decir mal de mi fablan en manera de escarnio et cuando loan al Cid Roy Diaz o al conde Ferrant Gonzales de cuantas lides vencieron o al sancto et bienaventurado Rey don Fernando de cuantas buenas conquistas fizo, loan a mi diciendo que fiz muy buen fecho porque añadí aquello en los capiellos et en las pihuelas. Et porque yo entiendo que este alabamiento más se me torna en denuesto que en alabamiento, ruégovos que me consejedes en que manera faré porque me non escarnezcan por la buena obra que fiz.
--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--para que vos sepades lo que vos más cumpliría de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un moro que fué Rey de Córdoba.
Et el conde le preguntó como fuera aquello.
--Señor conde--dijo Patronio--en Córdoba hobo un Rey que había nombre Alhaquen. E como quier que mantenía bien su regno, non se trabajaba de facer otra cosa honrada nin de grand fama de las que suelen et deben facer los buenos reys, ca non tan solamente son los reys tenidos de guardar sus regnos, mas los que buenos quieren seer, conviene que tales obras fagan porque con derecho acrecienten su regno et fagan en guisa que en su vida sean muy loados de las gentes, et despues de su muerte finquen buenas fazañas de las buenas obras que ellos hobieren fechas. Et este Rey non se trabajaba desto sinón de comer et folgar et estar en su casa vicioso.
Et acaesció que estando un día folgando, que tañían antél un estrumento de que se pagaban mucho los moros que han nombre albogón. Et el rey paró mientes et entendió que non facía tan buen son como era menester, et tomó el albogón et añadió en él un forado en la parte de yuso en derecho de los otros forados, et dende adelante face el albogón muy mejor son que fasta entonces facía.
Et como quier que aquello era bien fecho para en aquella cosa, porque non era tan grand fecho como convinía de facer a Rey, las gentes en manera de escarnio, comenzaron aquel fecho a loar et dician cuando loaban a alguno: «Vá hede ziat Alhaquim», que quiere decir: «Este es el añadimiento del Rey Alhaquen».
Et esta palabra fué sonada tanto por la tierra fasta que le hobo de oir el rey, et preguntó porque decían las gentes esta palabra. Et como quier que ge lo quisieran encobrir, tanto los afincó que ge lo hobieron a decir.
Et desque él esto oyó, tomó ende grant pesar, pero como era muy buen Rey, non quiso facer mal en los que dicían esta palabra, mas puso en su corazón de facer otro añadimiento de que por fuerza hobiesen las gentes a loar el su fecho.
E entonce porque la mezquita de Córdoba non era acabada, añadió en ella aquel Rey toda la labor que y menguaba et acabola.
E esta es la mayor et más complida et más noble mezquita que los moros habían en España et, loado a Dios, es agora eglesia et llamánla Sancta María de Córdoba, et ofreciola el Sancto Rey don Fernando a Sancta María, cuando ganó a Córdoba de los moros.
Et desque aquel rey hobo acabada la mezquita et fecho aquel tan buen añadimiento dijo que: pues fasta entonce lo loaban escarniciéndole del añadimiento que ficiera en el albogón, que tenía que de allí adelante lo habían a loar con razón del añadimiento que ficiera a la mezquita de Córdoba.
Et fué depués muy loado. Et el loamiento que fasta entonce le facían escarniciéndolo fincó depués por loor; et hoy en día dicen los moros cuando quieren loar algun buen fecho: «este es el añadimiento de Alhaquen».
Et vos señor conde, si tomades pesar o cuidades que vos loan por vos escarnecer del añadimiento que ficiestes en los capiellos et en las pihuelas et en las otras cosas de caza que vos ficiestes, guisad de facer algunos fechos grandes et buenos et nobles cuales pertenescen de facer a los grandes homnes. Et por fuerza las gentes habrán de loar los vuestros buenos fechos así como loan agora por escarnio el añadimiento que ficiestes en las cosas de la caza.
Et el conde touo este por buen consejo, et fízolo así et fallose ende muy bien.
Et porque don Johan entendió que este era buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:
Si algún bien ficieres que muy grande non fuere, Faz grandes si pudieres que el bien nunca muere[43].
[43] Es esta anécdota un hecho de la vida del califa Hakem el-Mostemcir, comúnmente llamado Al-Háhem II. Exacto es lo que D. Juan Manuel observa de lo poco amigo que era este califa de hacer grandes cosas; pero no lo es tanto atribuirlo a que no hacía más que «comer y folgar et estar en su casa vicioso». Reunió una estupenda biblioteca, era un lector infatigable y llegó a saberse de memoria millares de volúmenes, según cuentan. Lo del albogón o alboguén, creo que sólo por D. Juan Manuel se sabe. El aumento de la Mezquita de Córdoba fué ideal suyo desde los primeros años: añadiose once naves; mandó a Oriente por artistas musivarios que cubrieran de oro y colores la cúpula maravillosa del mihrab; hízose la obra hacia los años de Cristo de 965. Murió Al-Hahem II el 1.º de Octubre de 976. Cf. _Histoire de l’Afrique et de l’Espagne intitulée Al-Bayano’l-Mogrib_; trad. de Fagnan; Alger, 1904; t. II páginas 384 a 418.
«Albogón, instrumento de música, como flauta grande»; definición del Diccionario de Autoridades, que trae únicamente este pasaje.
EJEMPLO XLII