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El conde LucanorDon Juan Manuel

CAPÍTULO 2

Comienzo · continuación 2

E al conde plogo de lo que Patronio le dijo, et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos:

A las cosas ciertas vos encomendat, Et de las fiuzas vanas vos dexat[13].

[13] El viejo cuento oriental tiene en la literatura española amplio eco: antes que en el Libro de Patronio se refiere en el Calila y Dimna (_El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza_, pág. 194, de la ed. Calleja), en el siglo XVIII Samaniego cambia a doña Truhana en _lechera_, fábula II del Libro II, siguiendo a La Fontaine (fábula X del Libro VII). Hay como un recuerdo del asunto en el donosísimo paso de Lope de Rueda _Las aceitunas_ (Biblioteca de Rivadeneyra, tomo II en los _Orígenes del Teatro español_, de Moratín), espantable disputa acerca del precio a que se habían de vender las aceitunas de un olivo aún no sembrado.

ENXEMPLO VIII

De lo quel contesció a un homne que habían de alimpiar el fígado.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:

--Patronio, sabet que, como quier que Dios me fizo mucha merced en muchas cosas, que estó agora mucho afincado de mengua de dineros. Et como quiera que me es tan grave de lo facer como la muerte, tengo que habré a vender una de las heredades del mundo de que he más duelo, o facer otra cosa que me será tan grand daño como esto. E haberlo he de facer por salir agora desta laceria et desta cuita en que estó. Et faciendo yo esto que es tan grant mio daño, vienen a mi muchos homnes que sé que lo pueden muy bien escusar, et demándanme que les dé estos dineros que cuestan tan caros. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades lo que vos paresce que debo facer en esto.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, paresce a mi que vos contesce con estos homnes como contesció a un homne que era muy mal doliente.

Et el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, un homne era muy mal doliente, así, quel dijieron los físicos, que en ninguna guisa non podía guarescer si non le feciesen una abertura por el costado, et quel sacasen el fígado por ella, et que lo lavasen con unas melecinas que había mester, et quel alimpiasen de aquellas cosas porque el fígado estaba maltrecho. E estando él sufriendo este dolor et teniendo el físico el fígado en la mano, otro homne que estaba y cerca dél, comenzó de rogarle quel diese de aquel fígado para un su gato.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes facer muy grand vuestro daño por haber dineros et darlos do se deben escusar, dígovos, que lo podedes facer por vuestra voluntad, mas nunca lo faredes por el mi consejo.

Et al conde plogo de aquello que Patronio le dijo, et guardose ende dallí adelante, et fallose ende bien.

Et porque entendió don Johán, que este ejiemplo era bueno, mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen asi:

Si non sabedes que debedes dar, A grand daño se vos podría tornar[14].

[14] Procede del _Gesta Romanorum_.

ENXEMPLO IX

De lo que contesció a los dos caballeros con el león.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

--Patronio, grant tiempo ha que yo he un enemigo de que me vino mucho mal, et eso mismo a él de mi en guisa que por las obras et las voluntades estamos muy mal en uno. Et agora acaesció así; que otro homne muy más poderoso que nos entramos, va comenzando algunas cosas de que cada uno de nos recela quel puede venir muy grand daño. Et agora aquel mio enemigo enviome decir que nos aviniésemos en uno, para nos defender daquel otro que quiere ser contra nos, ca si amos fuéremos ayuntados, es cierto que nos podremos defender, et si el uno de nos se desvaría del otro, es cierto que cualquier de nos que quiera estroir aquel de que nos recelamos, que lo puede facer ligeramente. Et de que el uno de nos fuere estroido, cualquier de nos que fincare sería muy ligero de estroir. Et yo agora estó en muy grand duda de este fecho, ca de una parte me temo mucho que aquel mi enemigo me querría engañar et si él una vez en su poder me toviese, non sería yo bien seguro de la vida, et si grant amor pusiéremos en uno no se puede escusar de fiar yo en él et él en mi. Et esto me face estar en grant recelo. E de otra parte, entiendo que si non fuéremos amigos asi como me lo envía rogar, que nos puede venir muy grand daño por la manera que ya vos dije. Et por la grant fianza que yo he en vos et en el vuestro buen entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en este fecho.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, este fecho es muy grande et muy peligroso, et para que mejor entendades lo que vos cumple de facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció en Tunez a dos caballeros que vivían con el infante don Enrique.

Et el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, dos caballeros que vivían con el infante don Enrique en Tunez, eran entramos muy amigos et posaban siempre en una misma posada. Et estos dos caballeros non tenían más de sendos caballos, et así como los caballeros se querían muy grant bien, así los caballos se querían muy grand mal. Et los caballeros non eran tan ricos que pudiesen mantener dos posadas, et por la malquerencia de los caballos non podían posar en una posada, et por esto habían de vevir vida muy enojosa. Et de que esto les duró un tiempo et vieron que non lo podían más sofrir, contaron su facienda a don Enrique et pediéronle por merced que echase aquellos caballos a un león que el rey de Tunez tenía.

Et don Enrique les gradesció lo que decían muy mucho e fabló con el rey de Tunez. Et fueron los caballos muy bien pechados a los caballeros. Et metiéronlos en un corral do estaba el león. E cuando los caballos se vieron en el corral, ante que el león saliese de la casa do yacía encerrado, comenzáronse a matar lo más buenamente del mundo. Et estando ellos en su pelea, abrieron la puerta de la casa en que estaba el león, et de que salió al corral et los caballos lo vieron, comenzaron a tremer muy fieramente et poco a poco fuéronse llegando el uno al otro. Et desque fueron entramos juntados en uno, estovieron así una pieza, et enderezaron entramos al león et paráronlo tal a muesos et a coces que por fuerza se hobo de encerrar en la casa donde saliera. Et fincaron los caballos sanos, que les non fizo ningún mal el león. Et despues fueron aquellos caballos tan bien avenidos en uno, que comían muy de grado en un pesebre et estaban en uno en casa muy pequeña. Et esta avenencia hobieron entre sí por el grant recelo que hobieron del león.

--Et vos, señor conde Lucanor, si entendedes que aquel vuestro enemigo ha tan grand recelo de aquel otro de que se recela, et ha tan grant mester a vos porque forzadamente haya de olvidar cuanto mal pasó entre vos et él, et entiende que sin vos non se puede bien defender; tengo, que así como los caballos se fueron poco a poco ayuntando en uno fasta que perdieron el recelo et fueron bien seguros el uno del otro, que así debedes vos poco a poco tomar fianza et afacimiento con aquel vuestro enemigo. Et si fallardes en él siempre buena obra et leal en tal manera que seades bien cierto que en ningún tiempo por bien quel vaya, que nunca vos verná dél daño, estonce faredes bien et será vuestra pro de vos ayudar porque otro homne extraño non vos conquiera nin vos estruya, ca mucho deben los homnes facer et sofrir a sus parientes et a sus vecinos porque non sean mal traidos de los otros estraños. Pero, si vierdes que aquel vuestro enemigo es tal o de tal manera, que desque lo hobiésedes ayudado en guisa que saliese por vos de aquel peligro, que después que lo suyo fuese en salvo, que sería contra vos et non podríades dél ser seguro; si él tal fuer, fariades mal seso en le ayudar, ante tengo quel debedes estrañar cuanto pudierdes, ca pues viestes que, seyendo él en tan grand queja, non quiso olvidar el mal talante que vos había, et entendiestes que vos lo tenía guardado para cuando viese su tiempo que vos lo podría facer, bien entendedes vos que non vos deja logar para facer ninguna cosa porque salga por vos de aquel grand peliglo en que está.

E al conde plogo mucho desto que Patronio le dijo, et tovo quel daba muy buen consejo.

Et porque entendió don Johan que este exiemplo era bueno mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Guardatvos de ser conquerido del estraño Seyendo del vuestro bien guardado de daño[15].

[15] Knust señala raras analogias entre este cuento y un hecho histórico «cuando el Rey don Alonso (X) quiso prender al Infante don Henrique». Biblioteca de Rivadeneyra, tomo LXVI, Crónica de Alfonso X, pág. 7. Es extrañísima la relación: Perseguido don Enrique por su hermano el Rey Sabio, se refugia en Túnez, sirve al Rey con valentía, tal prestigio logra entre los moros, que obligan al Rey a que lo eche del Reino; el Rey de Túnez prefiere matarlo, invítalo a una entrevista en un corral; hallándose solo don Enrique aparecen dos leones, de los que logra librarse con la espada y salir indemne.

EJEMPLO X

De lo que contesció a un homne que por pobreza et mengua de otra vianda, comía atramuces.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

--Patronio, bien conosco a Dios que me ha fecho muchas mercedes, más quel yo podría servir, et en todas las otras cosas entiendo que está la mi facienda asaz con bien et con honra; pero algunas vegadas me contesce de estar tan afincado de pobreza que me paresce que querría tanto la muerte como la vida. Et ruégovos que algún conorte me dedes para esto.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, para que vos conortedes, cuando tal cosa vos acaesciere, sería muy bien que sopiésedes lo que acaesció a dos homnes que fueron muy ricos.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, de estos dos homnes el uno dellos llegó a tan grand pobreza quel non fincó en el mundo cosa que pudiese comer. Et desque fizo mucho por buscar alguna cosa que comiese, non pudo haber cosa del mundo sinón una escudiella de atramices. Et acordándose de cuan rico solía ser e que agora con fambre era et con mengua había de comer los atramices que son tan amargos et de tan mal sabor, comenzó de llorar muy fieramente, pero con la grant fambre comenzó de comer de los atramices et en comiéndolos estaba llorando et echaba las cortezas de los atramices en pos de si. Et él estando en este pesar et en esta coita, sintió que estaba otro homne en pos dél et volvió la cabeza et vió un homne cabo dél, que estaba comiendo las cortezas de los atramices que él echaba en pos de si, et era aquel de que vos fablé de suso.

Et cuando aquello vió el que comía los atramices preguntó a aquel que comía las cortezas que porque facía aquello. Et él dixo que sopiese que fuera muy más rico que él, et que agora había llegado a tan grand pobreza et en tan grand fambre quel placía mucho cuando fallaba aquellas cortezas que él dejaba. Et cuando esto vió el que comía los atramices, conortose, pues entendió que otro había más pobre que él, et que había menos razón porque lo debía seer. Et con este conorte esforzose, et ayudol Dios, et cató manera en como saliese de aquella pobreza, et salió della et fué muy bien andante.

Et vos, señor conde Lucanor, debedes saber que el mundo es tal, et aun que Nuestro Señor Dios lo tiene por bien, que ningún homne non haya complidamente todas las cosas. Mas, pues en todo lo al vos face Dios merced et estades con bien et con honra, si alguna vez vos menguaren dineros o estudierdes en afincamiento non desmayedes por ello et cred por cierto que otros más honrados et más ricos que vos, estarán afincados, et que se ternían por pagados si pudiesen dar a sus gentes et les diesen aun muy menos de cuanto vos les dades a las vuestras.

Et al conde plogo mucho desto que Patronio le dijo, et conortose et ayudose él, et ayudol Dios, et salió muy bien de aquella queja en que estaba.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por pobreza nunca desmayedes, Pues otros más pobres que vos veedes[16].

[16] Recuérdese la décima de Calderón en _La vida es sueño_: «Cuentan de un sabio que un día--tan pobre y mísero estaba--que sólo se sustentaba--de unas hierbas que cogía».--Jornada I, escena II, que es una ajustada adaptación de este consejo.

EJEMPLO XI

De lo que contesció a un Deán de Sanctiago con D. Yllán, el grand maestro de Toledo.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contabal su facienda en esta guisa:

--Patronio, un homne vino a me rogar quel ayudase en un fecho que había mester mi ayuda, et prometiome que faría por mi todas las cosas que fuesen mi pro et mi honra. Et yo comencel a ayudar cuanto pude en aquel fecho. Et ante que el pleito fuese acabado, teniendo él que ya el su pleito era librado, acaesció una cosa en que cumplía que la ficiese por mi, et roguel que la ficiese et él púsome escusa. Et después acaesció otra cosa que pudiera facer por mi, et púsome escusa como a la otra; et esto me fizo en todo lo quel rogué quél ficiese por mi. Et aquel fecho porque él me rogó, non es aun librado, nin se librará si yo non quisiere. Et por la fiuza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.

--Señor conde--dijo Patronio--, para que vos fagades en esto lo que vos debedes, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un Deán de Sanctiago con don Yllán, el gran maestro que moraba en Toledo.

Et el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, en Sanctiago había un Deán que había muy grant talante de saber el arte de la nigromancia, et oyó decir que don Yllán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuese en aquella sazón; et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella sciencia. Et el día que llegó a Toledo aderezó luego a casa de don Yllán et fallolo que estaba leyendo en una cámara muy apartada; et luego que llegó a él, recibiólo muy bien et dijol que non quería quel dijiese ninguna cosa de lo porqué venía fasta que hobiese comido. Et pensó muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas, et todo lo que hobo mester, et diol a entender quel placía mucho con su venida.

Et después que hobieron comido, apartose con él, et contol la razón porque allí viniera, et rogol muy afincadamente quel mostrase aquella sciencia e que él había muy grant talante de la aprender. Et don Yllán dijol, que él era Deán et homne de grand guisa et que podía llegar a grand estado--et los homnes que grand estado tienen, de que todo lo suyo han librado a su voluntad, olvidan mucho aína lo que otrie ha fecho por ellos--et que él, que se recelaba que, de que hobiese aprendido dél aquello que él quería saber, que non le faría tanto bien como él le prometía. Et el deán le prometió et le aseguró que de cualquier bien que él hobiese, que nunca faría sinón lo que él mandase.

Et en estas fablas estudieron desque hobieron yantado fasta que fué hora de cena. E de que su pleito fué bien asosegado entre ellos, dijo don Yllán al Deán que aquella sciencia non se podía aprender sinón en lugar mucho apartado et que luego esa noche le quería amostrar do habían de estar fasta que hobiese aprendido aquello que él quería saber. Et tomol por la mano et llevol a una cámara. Et en apartándose de la otra gente, llamó a una manceba de su casa et dijol que toviese perdices para que cenasen esa noche, mas que non las pusiesen a asar fasta que él se lo mandase.

Et desque esto hobo dicho, llamó al deán: et entraron entramos por una escalera de piedra muy bien labrada et fueron descendiendo por ella muy grand pieza, en guisa que parescía que estaban tan bajos que pasaba el río de Tajo por cima dellos: Et desque fueron en cabo del escalera, fallaron una posada muy buena, et una cámara mucho apuesta que y había, do estaban los libros et el estudio en que habían de leer. E de que se asentaron, estaban parando mientes en cuales libros habían de comenzar. Et estando ellos en esto, entraron dos homes por la puerta et diéronle una carta quel enviaba el Arzobispo, su tio, en quel facía saber que estaba muy mal doliente et quel enviaba rogar que sil quería veer vivo, que se fuese luego para él. E al Deán pesó mucho con estas nuevas; lo uno por la dolencia de su tío, et lo al porque receló que había de dejar su estudio que había comenzado. Pero puso en su corazón de non dejar aquel estudio tan aína, et fizo sus cartas de repuesta et enviolas al Arzobispo su tío.

Et dende a tres o cuatro días, llegaron otros homes a pié que traían otras cartas al deán en quel facían saber que el Arzobispo era finado, et que estaban todos los de la eglesia en su esleccion et que fiaban por la merced de Dios que esleerían a él, et por esta razón que non se quejase de ir a la eglesia, ca mejor era para él en quel esleyesen seyendo en otra parte que non estando en la eglesia.

Et dende a cabo de siete o de ocho días, vinieron dos escuderos muy bien vestidos et muy bien aparejados, et cuando llegaron a él, besáronle la mano et mostráronle las cartas en como le habían esleido por Arzobispo. Et cuando don Yllán esto oyó, fué al electo et dijol, como gradescía mucho a Dios porque estas buenas nuevas le llegaran a su casa, et pues Dios tanto bien le ficiera quel pedía por merced que el deanadgo que fincaba vagado que lo diese a un su fijo. E el electo, dijol: quel rogaba quél quisiese consentir que aquel deanadgo, que lo hobiese un su hermano, mas que él le faría bien en la iglesia en guisa que él fuese pagado, et que le rogaba que se fuese con él para Sanctiago et que llevase con él aquel su fijo. E don Yllán dijo que lo faría.

E fuéronse para Sanctiago: e cuando y llegaron, fueron muy bien recebidos et mucho honradamente. Et desque moraron y un tiempo, un día llegaron al Arzobispo mandaderos del Papa con sus cartas en comol daba el Obispado de Tolosa, et quel daba gracia que pudiese dar el Arzobispado a qui quisiese. E cuando don Yllán oyó esto, retrayéndol mucho afincadamente lo que con él había pasado, pidiol merced quel diese a su fijo: et el Arzobispo le rogó que consentiese que lo hobiese un su tio, hermano de su padre: et don Yllán, dijo que bien entendíe quel facía grand tuerto, pero que esto que lo consintía en tal que fuese seguro que se lo emendaría adelante. Et el Arzobispo le prometió en toda guisa que lo faría así, et rogol que fuese con él a Tolosa et que llevase su fijo.

Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien recebidos de condes et cuantos homes buenos había en la tierra. E desque hobieron y morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del Papa con sus cartas en como le facía el Papa Cardenal et quel facía gracia que diese el Obispado de Tolosa a qui quisiese. E entonce fué a él don Yllán et dijol que, pues tantas veces le había fallescido de lo que con él pusiera, que ya aquí non había logar del poner escusa ninguna que non diese alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el Cardenal rogol quel consentiese que hobiese aquel Obispado un su tio, hermano de su madre, que era homne bueno anciano; mas, que pues él Cardenal era, que se fuese con él para la Corte, que asaz había en que le facer bien. Et don Yllán quejose ende mucho, pero consintió en lo que el Cardenal quiso e fuese con él para la Corte.

Et desque y llegaron, fueron muy bien recebidos de los cardenales et de cuantos en la Corte eran et moraban y muy grand tiempo. Et don Yllán afincando cada día al Cardenal quel ficiese alguna gracia a su fijo et él poníal sus escusas.

Et estando así en la Corte finó el Papa: et todos los cardenales esleyeron aquel Cardenal por Papa. E estonce fué a él don Yllán et dijol que ya non podía poner escusa de non complir lo quel había prometido. E el Papa le dijo que non lo afincase tanto, que siempre habría lugar en quel ficiese merced segund fuese razón. Et don Yllán se comenzó a quejar mucho, retrayéndol cuantas cosas le prometiera et que nunca le había complido ninguna, et diciendol que aquello recelara él la primera vegada que con él fablara, et pues a aquel estado era llegado et nol cumplía lo quel prometiera que ya non le fincaba logar en que atendiese dél bien ninguno. E deste aquejamiento se quejó mucho el Papa et comenzol a maltraer diciendol: que si más le afincase quel faría echar en una carcel, que era hereje et encantador, e que bien sabía él que non había otra vida nin otro oficio en Toledo, do él moraba, sinon vivir por aquella arte de nigromancia.

Et desque don Yllán vió cuanto mal le gualardonaba el Papa lo que por él había fecho despedióse dél: et solamente nol quiso dar el Papa que comiese por el camino. E estonce don Yllán dijo al Papa que pues al non tenía de comer, que se habría de tornar a las perdices que mandara asar aquella noche, et llamó a la mujer et dijol que asase las perdices.

E cuando esto dijo don Yllán, fallose el Papa en Toledo, deán de Sanctiago, como lo era cuando y vino, et tan grand fué la vergüenza que hobo que non sopo quel decir. Et don Yllán dijol que fuese en buena ventura et que asaz había probado lo que tenía en él et que ternía por muy mal empleado si comiese su parte de las perdices.

Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto facedes por aquel home que vos demanda ayuda et non vos da ende mejores gracias, tengo que non habedes porque trabajar nin aventurarvos mucho por llegarlo a logar que vos dé tal gualardón como el Deán dió a don Yllán.

E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et porque entendió don Johan, que era este muy buen ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Al que mucho ayudares et non te lo conosciere Menos ayuda habrás, desque en grand honra subiere[17].

[17] Figura en el libro árabe _Las cuarenta mañanas y las cuarenta noches_; de la versión admirable de don Juan Manuel se derivan las comedias de Alarcón _La prueba de las promesas_, la de Cañizares _Don Juan de Espina en Milán_, un cuento del Abate Blanchel _Le Doyen de Badajoz_, puesto más tarde en verso por Andrieux; recuerda algo su asunto el de la comedia del Duque de Rivas _El desengaño en un sueño_. Infinitas son las relaciones de este tema.

La derivación más importante es la de la bella comedia de Alarcón (léase en la Biblioteca de Rivadeneyra, t. XX, páginas 433 a 55); consérvase el nombre de don Illán, el Deán compostelano truécase en el galán D. Juan, los cargos clericales son aquí titulos de Marqués de Tarifa, etc.; la ingratitud hacia el maestro mágico, la misma; es una de las más ordenadas comedias del Teatro español. D. Alberto Lista la consideraba digna de Terencio.

_Azorín_ ha hecho una deliciosa adaptación y comentario de este apólogo en _Los valores literarios_, pág. 153.

La localización de la casa de don Illán en la antigua cueva de Hércules, propuesta por Knust, tal vez es inexacta; de ser más antiguas, se identificaría con las cuevas, tenidas por construcciones de Samuel Leví (siglo XIV), y después llamadas _casas del Marqués de Villena_, por tradición de magia--hoy la entrada por los jardines de la Casa del Greco--, parecen convenir mejor con las descritas por D. Juan Manuel como próximas al Tajo.

Estos Illanes, que quedaron en proverbios por su discreción, sabiduría y ciencia mágica, figuraron en Toledo desde comienzos del XII; descendían, al parecer, de un D. Pedro Paleologo, Conde griego, y fueron progenitores del linaje de los Duques de Alba. (Vid. _Discurso de recepción_ del Duque de Berwick y de Alba en la Real Academia de la Historia, 18 de Mayo de 1919, pág. 17.) Amador de los Ríos explica por la agudeza de esta familia el significado de la palabra _perillán_.

EJEMPLO XII

De lo que contesció a un raposo con un gallo.

El conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero, una vez en esta guisa:

--Patronio, vos sabedes que, loado sea Dios, la mi tierra es muy grande et non es toda ayuntada en uno. Et como quier que yo hé muchos lugares que son muy fuertes, he algunos que lo non son tanto, et otrosí otros lugares que son ya cuanto apartados de la mi tierra en que yo he mayor poder. Et cuando he contienda con mios señores et con mios vecinos que han mayor poder que yo, muchos homnes que se me dan por amigos et otros que se me facen consejeros, métenme grandes miedos et grandes espantos et consejanme que en ninguna guisa non esté en aquellos lugares mios apartados, sinón que me acoja et esté en los lugares más fuertes et que son bien dentro en mi poder: et porque yo sé que vos sodes muy leal et sabedes mucho de tales cosas como estas, ruégovos que me consejedes lo que vos semeja que me cumple de facer en esto.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, en los grandes fechos et muy dubdosos son muy periglosos los consejos, ca en los más de los consejos non puede homne fablar ciertamente, ca non es homne seguro a que pueden recodir las cosas, ca muchas veces veemos que cuida homne una cosa et recude despues otra, ca lo que cuida homne que es mal recude a las vegadas a bien, et lo que cuida homne que es bien recude a las vegadas a mal et por ende el que ha a dar consejo, si es homne leal et de buena entención, es en muy grant queja cuando ha de consejar, ca si el consejo que dá recude a bien non ha otras gracias sinón que dicen que fizo su debdo en dar buen consejo; et si el consejo a bien non recude, siempre finca el consejero con daño et con vergüenza. Et por ende este consejo en que hay muchas dubdas et muchos periglos placerme hía de corazón si pudiese escusar de non lo dar, mas pues queredes que vos conseje, et non lo puedo escusar, dígovos que querría muy mucho que sopiésedes cómo contesció a un gallo con un raposo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, un homne bueno había una casa en la montaña, et entre las otras cosas que criaba en su casa criaba siempre muchas gallinas et muchos gallos. Et acaesció que uno de aquellos gallos andaba un día alongado de la casa por un campo et andando él muy sin recelo, viólo el raposo et vino muy ascondidamente cuidándolo tomar. Et el gallo sintiolo et subió en un arbol que estaba ya cuanto alongado de los otros. Et cuando el raposo entendió que el gallo estaba ya en salvo, pesol mucho porque nol pudiera tomar et pensó en cual manera podría guisar quel tomase. Et entonce enderezó al arbol et comenzol a rogar et a falagar et asegurar que descendiese a andar por el campo como solía; et el gallo non lo quiso facer. Et desque el raposo entendió que por ningún falago non le podía engañar, comenzol a menazar diciendol que pues del non fiaba que él guisaría como se fallase ende mal. Et el gallo entendiendo que estaba en salvo non daba nada por sus amenazas nin por sus seguranzas.

Et des que el raposo entendió que por todas estas maneras non le podía engañar, enderezó al arbol et comenzó a roer en él con los dientes et dar en él muy grandes colpes con la cola. Et el cativo del gallo tomó miedo sin razón, non parando mientes en como aquel miedo que el raposo le ponía non le podía empecer, et espantose de valde et quiso foir a los otros árboles en que coidaba estar más seguro, que non pudo llegar al monte, mas llegó a otro arbol. Et de que el raposo entendió que tomaba miedo sin razón, fué en pos él et así lo llevó de arbol en arbol fasta que lo sacó et lo tomó, et lo comió.

Et vos, señor conde Lucanor, ha menester que pues tan grandes fechos habedes a pasar et vos habedes de parar a ello, que nunca tomedes miedo sin razón, nin vos espantedes de valde por amenazas, nin por dichos de ningunos, nin fiedes en cosa de que vos pueda venir grant daño, nin grand periglo, et pugnad siempre en defender et en amparar los lugares más postrimeros de la vuestra tierra et non creades que tal homne como vos teniendo gentes et vianda, que por non seer el lugar muy fuerte, podriedes tomar peligro ninguno. Et si con miedo o con recelo valdío dejardes los lugares de cabo de vuestra tierra, seguro sed que así vos irán llevando de logar en logar fasta que vos saquen de todo; ca cuanto vos et los vuestros mayor miedo et mayor desmayo mostrásedes en dejando los vuestros logares, tanto más se esforzarán vuestros contrarios para vos tomar lo vuestro. Et cuanto vos et los vuestros viéredes a los vuestros contrarios más esforzados, tanto desmayaredes más, et asi irá yendo el pleito fasta que non vos finque cosa en el mundo; mas, si bien porfiáredes sobre lo primero, sodes seguro, como fuera el gallo si estudiera en el primero arbol, et aun tengo que cumpliría a todos los que tienen fortalezas, si sopiesen este ejiemplo ca non se espantarían sin razón, cuando les metiesen miedo con engaños, o con cavas, o con castiellos de madera, o con otras tales cosas que nunca las farían sinón para espantar a los cercados. Et mayor cosa vos diré porque veades que vos digo verdat. Nunca logar se puede tomar sinón subiendo por el muro con escaleras o cavando el muro: pero si el muro es alto non podrán llegar allá las escaleras. Et para cavarlo bien cred que han mester grand vagar los que lo han de cavar. Et asi todos los lugares que se toman o es con miedo o por alguna mengua que han los cercados, et lo demás es por miedo sin razón. Et ciertamente, señor conde, los tales como vos et aún los otros que non son de tan grand estado como vos ante que comencedes la cosa, la debedes catar et ir a ella con grand acuerdo, et non lo pudiendo nin debiendo escusar. Mas, desque en el pleito fuéredes, non ha mester que por cosa del mundo tomedes espanto nin miedo sin razón; siquier debédeslo facer, porque es cierto que de los que son en los periglos, que muchos más escapan de los que se defienden, que non de los que fuyen. Siquier parat mientes, que si un periello quel quiera matar un grand alano, está quedo et regaña los dientes, que muchas veces escapa, et por grant perro que sea si fuye, luego es tomado et muerto.

E al conde, plogo mucho de todo esto que Patronio le dijo, et fízolo así, et fallose dello muy bien.

Et porque don Johan tovo este por buen ejiemplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non te espantes por cosa sin razón Mas defiéndete bien como varón[18].

[18] Está la misma fábula en La Fontaine, fábula XVIII del Libro XII.

EJEMPLO XIII

De lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole:

--Patronio, algunos homes de grand guisa et otros que lo non son tanto me facen a las vegadas enojos et daños en mi facienda et en mis gentes, et cuando son ante mi, dan a entender que les pesa mucho porque lo hobieron a facer, et que lo non ficieron sinón con muy grand mester et con muy grant cuita et non lo pudiendo escusar. Et porque yo querría saber lo que debo facer cuando tales cosas me ficieren, ruégovos que me digades lo que entendedes en ello.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, esto que vos decides, que a vos contesce, sobre que me demandades consejo, paresce mucho a lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, un homne paró sus redes a las perdices; et desque las perdices fueron caidas en la red, aquel que las cazaba llegó a la ret en que yacían las perdices: et, así como las iba tomando, matábalas et sacábalas de la red; et en matando las perdices, dabal viento en los ojos tan recio quel facía llorar. Et una de las perdices que estaba viva en la red comenzó a decir a las otras:

--Vet, amigas, lo que face este homne! como quiera que nos mata, sabet que ha grand duelo de nos, et por ende está llorando!

Et otra perdiz que estaba y, más sabidora que ella, et que con su sabiduría se guardara de caer en la red, respondiol así:

--Amiga, mucho gradesco a Dios porque me guardó, et ruego a Dios que guarde a mi et a todas mis amigas del que me quiere matar et facer mal, et me da a entender quel pesa del mio daño.

Et vos, señor conde Lucanor, siempre vos guardat del que vierdes que vos face enojo et da a entender quel pesa por ello porque lo face; pero si alguno vos ficier enojo, non por vos facer daño nin deshonra, et el enojo non fuere cosa que vos mucho empesca, et el homne fuer tal de que hayades tomado servicio o ayuda, et lo ficiere con queja o con mester, en tales logares, conséjovos yo que cerredes el ojo en ello, pero en guisa que lo non faga tantas veces, dende se vos siga daño nin vergüenza; mas, si de otra manera lo ficiese contra vos, estrañadle en tal manera porque vuestra facienda et vuestra honra siempre finque guardada.

E el conde tovo por buen consejo este que Patronio le daba et fízolo así et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, mandolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Quien te mal faz mostrando grand pesar, Guisa como te puedas dél guardar[19].

[19] Figura en el _Libro de los Gatos_, Rivadeneyra, tomo LI, pág. 544; dice la moraleja, de los prelados y señores que con dolor hipócrita tiranizan a sus súbditos. Origen oriental.

EJEMPLO XIV

Del miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero.

Un día fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, en su facienda, et díjole:

--Patronio, algunos homnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contesca. Et ruégovos que me digades lo que vos paresce en ello.

--Señor conde--dijo Patronio--, como quier que a los grandes señores vos cumple de haber algún tesoro para muchas cosas et señaladamente porque non dejedes por mengua de haber, de facer lo que vos cumplier; pero non entendades que este tesoro debedes ayuntar en guisa que pongades tanto el talante en ayuntar grant tesoro por que dejedes de facer lo que debedes a vuestras gentes et para guarda de vuestra honra, et de vuestro estado, ca si lo ficiésedes podervos hía acaescer lo que contesció a un lombardo en Bolonia.

E el conde le preguntó cómo fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, en Bolonia había un lombardo que ayuntó muy grand tesoro et non cataba si era de buena parte o non, sinón ayuntarlo en cualquier manera que pudiese. E el lombardo adoleció de dolencia mortal, et un su amigo que había, desque lo vió en la muerte, consejol que se confesase con Sancto Domingo, que era estonce en Bolonia. Et el lombardo quísolo facer.

Et cuando fueron por Sancto Domingo, entendió Sancto Domingo que non era voluntad de Dios que aquel mal homne non sufriese la pena por el mal que había fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuese allá. E cuando los fijos del lombardo sopieron que había enviado por Sancto Domingo, pesoles ende mucho, teniendo que Sancto Domingo faría a su padre que diese lo que había por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando el fraire vino, dijiéronle que sudaba su padre, mas cuando cumpliese, que ellos enviarían por él.

E a poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió en guisa que non fizo nada de lo que había mester para su alma. E otro día, cuando lo llevaron a enterrar, rogaron a Sancto Domingo que predigase sobre aquel lombardo. Et Sancto Domingo fízolo. Et cuando en la predigación hobo de fablar daquel homne, dijo una palabra que dise el Evangelio, que dise así: _Ubi est tesaurus tuus ibi est cor tuum._ Que quier decir: _Do es el tu tesoro, y es el tu corazón._ Et cuando esto dijo, tornose a las gentes et díjoles:

--Amigos, porque veades que la palabra del Evangelio es verdadera, facet catar el corazón a este homne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo suyo et fallarlo han en el arca que tenía el su tesoro.

E estonce fueron catar el corazón en el cuerpo et non lo fallaron y, et falláronlo en el arca como Sancto Domingo dijo. Et estaba lleno de gusanos et olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuese.

Et vos, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho, es bueno, guardad dos cosas: la una, es que el tesoro que ayuntáredes, que sea de buena parte; la otra, que non pongades tanto el corazón en el tesoro, porque non fagades ninguna cosa que vos non caiga de facer, nin dejedes nada de vuestra honra, nin de lo que debedes facer, por ayuntar grand tesoro de buenas obras, por que hayades la gracia de Dios et buena fama de las gentes.

E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et teniendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Gana el tesoro verdadero Et guárdate del fallecedero[20].

[20] Tomado quizá del _Libro de los Milagros_, de San Gregorio de Tours. Oído, tal vez, por Don Juan Manuel a uno de _sus fraires predicadores_ de Peñafiel; generalmente se cuenta sin que en él intervenga Santo Domingo, por ejemplo, en el cap. VII de los _Castigos o documentos del Rey Don Sancho_, Riv., LI, pág. 99, con muchas variantes.

ENJEMPLO XV

De lo que contesció a don Lorenzo Suarez sobre la cerca de Sevilla.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

--Patronio, a mi acaesció que hobe un rey muy poderoso por enemigo: et desque mucho duró la contienda entre nos, fallamos entramos por nuestra pro de nos avenir. Et como quiera que agora estamos por avenidos et non hayamos guerra, siempre estamos a sospecha el uno del otro. Et algunos también de los suyos como de los míos métenme muchos miedos, et dícenme que quiere buscar achaque para ser contra mí; et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.

--Señor conde Lucanor--dijo Patronio--, este es muy grave consejo de dar por muchas razones; lo primero, que todo homne que vos quiera meter en contienda ha menester muy grant aparejamiento para lo facer, ca dando a entender que quiere vuestro servicio et vos desengaña, et vos apercibe, et se duele de vuestro daño, vos dirá siempre cosas para vos meter en sospecha; et por la sospecha habredes a facer tales apercibimientos que serán comienzo de contienda, et homne del mundo non podrá decir contra ellos; ca el que dijiere que non guardedes vuestro cuerpo, davos a entender que non quiere vuestra vida, et el que dijiere que non labredes, et guardedes, et bastescades vuestras fortalezas, da a entender, que non quiere guardar vuestra heredat, et el que dijiere que non hayades muchos amigos et vasallos et les dedes mucho por los haber et los guardar, da a entender, que non quiere vuestra honra, nin vuestro defendimiento: et todas estas cosas non se faciendo, seríades en grand periglo, et puédese facer en guisa que sería comienzo de roido; pero pues queredes que vos conseje lo que entiendo en esto, dígovos, que querría que sopiésedes lo que contesció a un buen caballero.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

--Señor conde--dijo Patronio--, el sancto et bienaventurado rey don Ferrando tenía cercada a Sevilla; et entre muchos buenos que eran y con él, había y tres caballeros que tenían por los mejores tres caballeros d’armas que entonce había en el mundo: et decían al uno don Lorenzo Suarez Gallinato, et al otro don García Periz de Vargas, et del otro non me acuerdo del nombre. Et estos tres caballeros hobieron un día porfía entre sí cual era el mejor caballero d’armas. Et porque non se pudieron avenir en otra manera acordaron todos tres que se armasen muy bien, et que llegasen fasta las puertas de Sevilla, en guisa que diesen con las lanzas a la puerta.

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Un respiro entre páginas.

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