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El camino del corazónJose Moya

CAPÍTULO 14

El camino del corazon

El Camino Del Corazón XIII

Después de tan memorable conocimiento recibido, nuestros personajes han salido de la Catedral. La sonrisa en sus rostros, escenifican en cierta medida lo vivido en el interior del cautivador e histórico edificio. El paseo por la zona circundante repleto de vibraciones con lugares típicos y artesanales de alimentación y repostería. La grácil dulzura de su pueblo, amabilidad y calor entrañable, que el visitante acoge con verdadera gratitud y benevolencia.

Rincón emblemático nacional, ciudad hospitalaria, calles, lugares, personas llenas de bríos revitalizantes, prósperas, que te trasladan al goce del pasear, recibiendo las magnificentes emociones que en tan grato territorio se descubre, por quien allí tenga a bien aventurarse, con mente abierta y libre de llenarse de cuanto acontezca.

Burgos, una prueba de las que quedan grabadas de por vida al corazón, con el fuego del amor de un pueblo que consigue abrasar interiormente a quienes osen profundizar en el clímax de su ciudad. La paz te invade, mimado en la tranquilidad histórica de cualquiera de sus cafeterías, con terrazas de un continuo ir y venir de viandantes, todos, llevándose y regalando a la vez el energizante aroma a vida que por allí transita. Es perceptible, con tan solo dejar que suceda, en la paz, en el sentir, en la homogeneidad histórica de sus recintos y ciudadanos.

Vivido lo anteriormente apuntado, es momento de descansar plácidamente para al día siguiente, continuar rumbo al destino, Lourdes.........

– ¿Qué piensas pezqueñín? ¿Algo te inquieta?

– Para nada amor mío. Pienso en el hechizo que sigue a quienes se lanzan a vivir desde lo que sienten de verdad internamente; hace unos meses esto

parecía casi una demencia, hoy, vivo la locura de la felicidad por seguir estos pasos. La experiencia de Burgos, me deja casi sin palabras, voy lleno de sensacionales apreciaciones, vivencias. Es increíble. Es asombroso.

– Y eso que estamos a medio camino, Leunam. Nos queda lo mejor ¿No crees?

– “Siempre, siempre amor mío, queda lo mejor” ¿Qué opinas Serdna?

– La verdad que va todo fantástico, he disfrutado una barbaridad con el tiempo que hemos dedicado a fotografiar la Catedral y exteriores. Hay unas capturas nocturnas preciosas.

– Lo mejor han sido los teatros callejeros, han sido ¡Divertidísimos!

– Tienes razón princesita, lo hemos pasado en grande con ellos, cantando y participando de los mismos. Y es que los peques, siempre tienen razón, jajajajaja, ¡Cuánta capacitación en estos grandes artistas de la calle!

Verdaderos actores, con una vocación innata en lograr el regocijo de los visitantes a la ciudad. Un extraordinario agasajo el que proporcionan, de corazón a corazón, obsequiando con su profesionalidad, dedicación y amor por lo que hacen. Algo, que no pasa desapercibido para ninguno de los que tenemos la suerte de disfrutarles; somos energía, la trasladamos a nuestros semejantes y ellos, la sienten a la perfección, es en definitiva el espectáculo cargado de voluntad positiva y vibrante, que apreciamos allí.

– Tengo sueñecito y me quiero dormir, mami.

– Cariño, en unos minutitos estaremos descansando en la habitación del hotel.

Noche veraniega, para relajarse y poder recuperar bríos para encauzar el siguiente día. Una nueva jornada que nos va a encauzar a territorio francés, destino Lourdes. Lugar marcado, por la experiencia hace mucho tiempo, que allí tuvo una niña; Bernadette. Una visión en varias ocasiones, de un ser de luz, que terminaría identificándose a ella, como la Inmaculada Concepción.

La visión desde la ventana de la habitación en Burgos, destilaba entrañables guiños al pasado; desde su céntrico lugar, aún perduraban en sus fachadas restos de locales clásicos, de esos que en su época debieron estar dulcemente engalanados con el continuo entrar y salir por multitud de ciudadanos. Hoy, los azulejos de su pared rememoran vestigios de lo que allí se comerciaba, y es que el transitar del “tiempo”, al menos en este mundo de lo físico y material, es imparable; motivo más que suficiente para replantearnos con asiduidad el porqué de cuanto nos sucede y sobre todo, el

cómo hacemos cualquiera de las actividades a las que nos encomendamos, teniendo claro, que vivimos esta faceta finita del cuerpo material.

El amanecer nos trasladaba a desayunar y recorrer alguna zona diferente de la jornada anterior. Fue, durante el desayuno que inclusive pudimos ver una atención por equipos sanitarios de urgencia en un domicilio cercano, justo al lado de donde degustábamos unas tostadas y un delicioso café matinal. Así que con las fuerzas a tope tras la primera comida del día, era el instante preciso de orientarnos hacia espacio galo, nos aguardaban nuevas emociones y vivencias.

Cuando viajas, especialmente a lugares en los que no has estado antes, es imperdible recrearse con cada visión y embellecer nuestro espíritu con la perfección que la naturaleza ofrece siempre de manera gratuita; dando su amor sin pedir nada a cambio, nada. Llegar a un paraje preciosista, cargado de flores de una altura impresionante disparando su luz mágica, versátil en sus colores, casi invitándote con una llamada al acercamiento a sus hojas, pétalos, naturaleza. Y es, desde luego irresistible, introducirse en ese campo francés, henchido de savia, flores, gratitud de nuestra madre tierra, trasladándonos su paz, bienestar y endulzando cada una de las emociones que allí estábamos estimando. Estar dentro de ese cultivo de flores, era como encontrarse dentro de un paraíso terrenal, mimado por la belleza y entrega que allí se desprendía desde la vida de cada flor, cada ser viviente que lo residía; hacernos sentir VIVOS, en paz, acogiéndonos con una bienvenida que, quien esto escribe, jamás olvidará. El recibimiento que la madre naturaleza es capaz de exhibir a quienes se precien de quererla y apreciarla, la miren desde lo que ciertamente es, la culpable de la VIDA de cualquiera de nosotros, de todos. Es nuestra madre tierra, madre naturaleza

¡Cómo pude sentirla! En aquel prado de flores, de maravillas, majestuosidad,......VIDA.

Una parada en las cercanías de Lourdes, en un paraje donde disfrutamos de la fotografía en un sitio idílico, mimado por sus habitantes, dando claras evidencias de la calidad que recibe de sus cuidadores, flor a flor, emitiendo gran parte del amor con el que de seguro son agasajadas, desde la belleza de sus colores y tonos, hasta el aroma embaucador que envían, primando de fragancias ese paradisíaco espacio natural.

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Un respiro entre páginas.

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