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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 6

Comienzo · continuación 6

NELL

¿Pero va mamá a casa del Alcalde?

DOLLY

¿Por qué no viene a la Pardina con nosotros, con Abuelito? ~(Senén se encoge de hombros.)~

EL CONDE

La Pardina no le parecerá a tu mamá bastante cómoda... En fin, no quiero que os detengáis por mí... Vamos, hijas mías.

NELL

¡Ah! Se me olvidaba... Amigo Senén, ¿querrías hacernos un favor?

SENÉN

Todo lo que las señoritas quieran. ¿Qué es?

NELL

Subirse a aquel árbol a coger la Historia.

EL CONDE

¡A coger la Historia!

DOLLY

El pícaro libro, que se echó a volar.

NELL

Jugando, lo tiramos al aire.

EL CONDE, ~gozoso~.

Comprendo, sí... Estudiáis mirando al cielo... Senén, intrépido Senén, sube pronto, hijo... Anda, que cuando eras muchacho ya treparías más de una vez para coger nidos.

SENÉN ~(disimulando su disgusto, se quita la americana)~.

Allá voy.

NELL

Ten cuidado no se te rompa el traje.

SENÉN

Que es nuevo... ya lo ven.

DOLLY

¡Vaya un alfiler de corbata que te traes!... Por Dios, no te caigas.

EL CONDE

No temáis: este sabe subir y agarrarse bien. Si cae, será porque le tiene cuenta.

SENÉN

Por ahora, señor Conde, me tiene más cuenta apoyarme bien en las ramas fuertes... Ajajá... Ya te cojo, Historia maldita.

DOLLY

Bájate pronto... ~(Desciende Senén a las ramas bajas, y se tira de un salto.)~

NELL, ~cogiendo el libro~.

Dios te lo pague. Vaya, sigamos.

DOLLY

¿No quiere el abuelito entrar por el pueblo?

EL CONDE

No, no: vamos por el atajo, que nos lleva directamente a la Pardina sin pisar las calles de Jerusa. No quiero ver gente, y menos jerusanos.

SENÉN, ~poniéndose la americana~.

¡Lástima no haber sabido antes que venía el señor Conde! El pueblo le habría preparado un buen recibimiento.

EL CONDE, ~con desdén~.

¿A mí?... ¿A mí Jerusa?... Brrr...

SENÉN

Habría salido la música, el orfeón... No faltaría el arquito de ramaje; y luego _lunch_ en la Casa Consistorial.

EL CONDE

Veo que eres un cursi tremendo. Conozco esos homenajes, que en otro tiempo, cuando los merecía y estaba en disposición de recibirlos, me halagaban, sí. Hoy me harían el efecto de una burla cruel. Antes de verme tan viejo y tan pobre como ahora, tuve ocasión de apreciar la villana ingratitud de mis compatriotas, los habitantes del Señorío de Jerusa. ~(Se detiene y suspira.)~ Veinte años ha, la última vez que aquí estuve, los colonos que habían llegado a ser ¡Dios sabe cómo! propietarios de mis tierras, los señoritingos nacidos de mis cocineras, o engendrados por mis mozos de cuadra, me recibieron con frío desdén, que me llenó de tristeza y amargura. Dijéronme que la villa se había civilizado. Era una civilización improvisada y postiza, como la levita que compra el patán en un bazar de ropas hechas.

NELL

Papaíto, no olvida tu pueblo los beneficios que de ti ha recibido.

DOLLY

No los olvida, no. La calle principal de Jerusa se llama _de Potestad_.

NELL

La fuente de los cinco caños, junto a la iglesia, se llama _del Buen Conde_.

EL CONDE

Sí, sí, mi abuelo paterno. Historia, cosas pasadas que solo dejan tras sí un letrero, una inscripción... Todo se borra, ¡ay! aun las piedras escritas. Cuando la roña y el musgo las empuercan, y se han criado en ellas cien generaciones de arañas y lagartijas, viene el progreso, y las manda picar para escribir otra cosa... o aprovecharlas en una alcantarilla. No me quejo, no. Ese es el mundo. Rodamos todos hacia lo infinito.

SENÉN, ~enfáticamente~.

Jerusa, por más que digan, no puede olvidar que debe su existencia a los Albrit de la Edad Media.

EL CONDE, ~meditabundo~.

Y a mis abuelos y a mí todo lo que en ella es de algún valor. La casa Ayuntamiento, que era el primitivo palacio de los Condes de Laín, fue donada por D. Martín de Potestad, capitán de las galeras de Nápoles. La calzada de Verola y el puente sobre el río Caudo, obra fue de mi madre. Mi abuelo materno hizo el hospital y la casa-cuna; y yo traje las aguas riquísimas de Santaorra; levanté el muro de contención que defiende al pueblo de las avenidas del Caudo; fundé y doté la hermandad de Pescadores, haciéndoles además una dársena para abrigo de sus lanchas; repoblé el monte comunal... sin contar otras mejoras de que ya no me acuerdo. ¿Y cómo pagaron mis paisanos tantos beneficios? Pues cuando me vieron mal de intereses, recargaban horrorosamente mis propiedades en todos los repartos de contribución, para obligarme a vendérselas... Y lo conseguían... En sus manos rapaces está todo.

NELL

Abuelito, no pienses cosas tristes.

DOLLY

¿No estás alegre de vernos y de tenernos a tu lado?

EL CONDE, ~deteniéndose para abrazarlas y besarlas con efusión~.

Sí, sí, ángeles inocentes. Soy feliz con vosotras, y lo demás nada me importa.

SENÉN, ~con malicia indiscreta, que resulta más antipática por lo pedantesco de la expresión~.

Y de que no seríamos justos achacando a Jerusa el pecado de la ingratitud, tenemos hoy una prueba elocuente, señor Conde, porque, sabida con antelación la llegada de la señora Condesa de Laín, se le prepara un recibimiento entusiasta, cual corresponde a quien tan grande fomento ha dado a los intereses materiales y morales de esta villa. Saldrá el Alcalde a la estación...

EL CONDE

Y se dispararán cohetes. Todo eso está muy en carácter.

NELL, ~impaciente~.

¡Cohetes, música...! Vamos, vamos pronto.

DOLLY

Abuelito, por aquí, si quieres que vayamos derechos a la Pardina.

EL CONDE

¿Estamos ya en la loma que llaman la _Asomada_?

SENÉN

Sí, señor: de aquí se ve toda la villa; y si Vuecencia quiere dar un vistazo a la población, en dos minutos estamos en la plaza.

EL CONDE

No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a la Pardina. ~(Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se ve totalmente, rodeado de arboledas y verdes lomas.)~ Sí, sí... te conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales blancos... más allá manchas de verde lozano. Eres Jerusa; te siento bajo mis pies, te huelo al pisarte... Tu ingratitud me da en el olfato. Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco... Pues ahora, el _león flaco de Albrit_, que nada te pide, que para nada te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de su alma, no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus pobres huesos. ~(Volviéndose hacia las niñas.)~ Si me muero aquí, que me lleven a enterrar a Polan, o que me tiren al mar.

DOLLY

Papaíto, no es hoy día de cosas tristes.

NELL

¡Si estamos muy contentas!

EL CONDE, ~limpiándose una lágrima~.

Sí, sí... Vamos, para que lleguéis a tiempo de presenciar los homenajes a vuestra mamá.

SENÉN

Por esta calleja llegamos en un instante a la Pardina.

EL CONDE

Conozco bien el camino... En este sitio, torciendo a la izquierda, dejamos de ver el mar. ~(Parándose a contemplar el Océano.)~ ¡Oh, qué hermosura! Es el amigo de mi infancia.

NELL

¡Y qué espléndido, qué azul! Hoy se viste de gala para recibirte.

EL CONDE

¿Sabéis por qué gozo tanto en mirarle? Porque le veo... es lo único que distingo bien, por razón de su magnitud. Desde que voy perdiendo la vista, hijas mías, mis pobres ojos no aprecian bien más que las cosas grandes... ¡Cuanto mayores son, mejor las veo! Quisiera que en el mundo fuera todo colosal, inmenso... Lo pequeño, creedlo, me entristece, me enfada...

~(Se internan en la calleja.)~

ESCENA VI

~Sala baja en la Pardina. En paredes, techo y muebles, aspecto de venerable antigüedad, bien conservada.~

GREGORIA, VENANCIO

GREGORIA, ~asomándose a una ventana~.

Ya está aquí _Capitán_... ¡Oh!... allí vienen. ~(Asustada.)~ ¡Jesús, lo que veo!

VENANCIO

¿Qué?

GREGORIA

¡El Conde con ellas, el señor Conde!

VENANCIO

Sin duda ha venido a pie por el atajo del bosque. Es gran andarín.

GREGORIA

¡Pero qué viejo está! Mira, mira.

VENANCIO, ~mirando~.

¡Y qué mal trajeado! Da pena verle... ¡Quien fue siempre la misma elegancia...!

GREGORIA

¿Sales a recibirle?

VENANCIO, ~con prisa~.

A escape... Prepárale café, que de fijo lo pide al entrar...

GREGORIA

Sí, sí...

VENANCIO, ~desde la puerta~.

Y manda un recado al señor Cura, que nos dijo que le avisáramos en cuanto el Conde llegase...

GREGORIA, ~aturdida, sin saber a qué atender primero~.

El café... recado al Cura... ¿Y la comida? Voy. ¡Pero si ya están aquí! ¡Jesús me valga!...

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Un respiro entre páginas.

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