CAPÍTULO 5
Comienzo · continuación 5
DOLLY
Y ahora, en nosotras clava los ojos...
NELL, ~palideciendo~.
Parece que habla solo... ¡Qué miedo!
DOLLY, ~trémula~.
Y no pasa un alma. Si llamamos, nadie nos oirá.
NELL
No nos hará nada, creo yo.
DOLLY
Lo mejor es hablarle.
NELL
Háblale tú... Dile: «Señor mendigo...»
DOLLY
Mendigo no es. Parece más bien una persona decente mal trajeada. ~(Lánzase el perrillo con furiosos ladridos hacia el Conde.)~
NELL
_Capitán_, ven acá...
DOLLY
¡Ay, Nell, yo conozco esa cara!...
NELL
Y yo también. Yo le he visto en alguna parte... ¡Ay, ay! ~(Se juntan las dos, como para protegerse mutuamente.)~ Ahora se adelanta... Nos hace señas...
DOLLY
Parece que llora. ¡Pobre señor!...
EL CONDE, ~con voz grave, avanzando~.
Preciosas niñas, no me tengáis miedo. ¿Sois Leonor y Dorotea?
NELL
Sí, señor: así nos llamamos.
EL CONDE, ~llegándose a ellas~.
Pues abrazadme. Soy vuestro abuelo. ¿No me conocéis? ¡Ay! Han pasado algunos años desde que me visteis por última vez. Erais entonces chiquitinas, y tan monas... Me volvíais loco con vuestra gracia, con vuestra donosura angelical... ~(Las abraza, las besa en la frente.)~
DOLLY
¡Abuelito!
NELL
Yo decía: le conozco.
DOLLY
Por el retrato te conocemos.
EL CONDE
Y yo a vosotras por la voz. No sé qué hay en el timbre de vuestras vocecitas, que me remueve toda el alma. ¿Y como es que los dos sonidos me parecen uno solo? Dejadme que os mire bien: ¿serán iguales vuestras caritas como lo son vuestras voces?... No, no puedo veros bien, hijas de mi alma. Estoy casi ciego. Vamos, sigamos hacia Jerusa. ~(_Capitán_ abre la marcha.)~
NELL
¡Qué sorpresa tan agradable, abuelito! Pues, mira, te tuvimos miedo.
EL CONDE
¿Miedo a mí, que os adoro?
DOLLY
Senén nos dijo anoche que venías; pero no creímos que llegaras tan pronto.
NELL
¿Y cómo no has venido en el coche?
EL CONDE
Me molesta horriblemente el traqueteo de ese armatoste... y el venir prensado entre personas groseras y estúpidas... No, no... He preferido venirme a pie, sin más compañía que la de este palo, que me ha regalado un pastor de mis tiempos, a quien encontré en Polan. ¡Figuraos si será viejo el hombre! Era yo un niño, y él un mocetón como un castillo que me llevaba a la pela por estos montes...
NELL
¿Pero vienes de Polan?
EL CONDE
Allí pasé la noche, en la cabaña de Martín Paz... Luego me he venido pasito a paso por el filo del cantil, recordando mis tiempos. ¡Ah! Todos los caminos y veredas de este país me conocen; conócenme las breñas, las rocas, los árboles... Hasta los pájaros creo que son los mismos de mi niñez... Esta hermosa Naturaleza fue mi nodriza. No podréis comprender, niñas inocentes que empezáis a vivir, cuán grato, y cuán triste al mismo tiempo, es para mí recorrer estos sitios, ni cuánto padezco y gozo haciendo revivir a mi paso cosas y personas. Todo lo que me rodea paréceme a mí que me ve y me reconoce... y que desde el mar grande al insecto casi invisible, todo cuanto aquí vive, se queda en suspenso... no sé cómo decirlo... se para y mira... para ver pasar al desdichado Conde de Albrit. ~(Las dos niñas suspiran.)~
DOLLY
Apóyate en mi brazo, abuelito.
NELL
En el mío.
EL CONDE
En los dos... Una por cada lado. Así... Me lleváis como en volandas.
ESCENA V
~NELL y DOLLY; EL CONDE; SENÉN, que ha presenciado de lejos, oculto tras un árbol, el encuentro del abuelo y sus nietas.~
SENÉN
¡Qué estropeado y qué caído está el viejo león de Albrit!... Hoy por hoy, no me conviene malquistarme con él. Nunca se sabe de qué cuadrante sopla la suerte. ~(Viendo avanzar el grupo, se adelanta sombrero en mano.)~ Señor Conde, bien venido sea, mil veces bien venido, a la tierra de sus mayores. ¡Qué hermosa figura hace Vuecencia en medio de estos dos ángeles!
EL CONDE, ~parándose~.
¿Quién me habla?
NELL
Es Senén, papá.
DOLLY
¿No te acuerdas?
SENÉN
Senén Corchado, señor, el que fue... no me avergüenzo de decirlo... criado del señor Conde de Laín.
EL CONDE
¡Ah, lacayo! ~(Con súbita cólera, requiriendo el garrote.)~ ¿Vienes a que te dé dos palos?
SENÉN, ~retirándose~.
¡Señor...!
NELL
Abuelito, ¿qué haces?
DOLLY
¡Si es de casa, si es nuestro amigo!
EL CONDE, ~reportándose~.
Perdonadme, niñas queridas... he confundido sin duda... Y tú, Séneca, Cenón, o como quiera que te llames, perdóname también... te he tomado por otro. Pensé que eras tú el infame que se permitió decirme... Ven acá, dame la mano. Tengo el genio poco sufrido...
SENÉN, ~dándole la mano~.
Siempre fue lo mismo Vuecencia.
EL CONDE
Luego, esta continua disminución de mi vista no me permite distinguir a los bribones de las personas honradas. La ceguera me hace irascible... ¿Y qué tal? Ya recuerdo que me hablaron de ti: sé que estás hecho un hombre.
SENÉN, ~con falsa humildad~.
Aunque me iba muy bien en casa del señor Conde de Laín, me dio por abandonar la servidumbre y trabajar en cualquiera industria o negocio...
EL CONDE
Muy bien pensado. Así se hacen los hombres. ¿Y qué eres ahora? ¿Zapatero?
SENÉN
Señor, no.
NELL
Papá, si es empleado.
DOLLY
Empleado de Hacienda con tantos miles de sueldo.
EL CONDE
Vamos, que tú querías ganar dinero a todo trance... El dinero lo ganan, Senén, todos aquellos que con paciencia y fina observación van detrás de los que lo pierden: fíjate en esto.
SENÉN, ~inflándose~.
La señora Condesa me consiguió un destinito...
NELL
Mamá le ha protegido y le protege, porque es buen muchacho...
EL CONDE
La Condesa es una gran potencia. Nadie le niega nada. Ya sabes tú, picaruelo, a qué aldabones te agarras.
DOLLY
Aquí donde le ves, papá, es la economía andando, y mira por su ropa como una mujer.
EL CONDE
Séneca, digo, Senén, tú pitarás. Y ahora, ¿estás aquí con licencia?
SENÉN
He venido de Durante para tener el honor de saludar al señor Conde de Albrit y a la señora Condesa de Laín, que también debe de llegar hoy.
NELL
¡Que viene mamá! ~(Despréndense las dos de los brazos de su abuelo, y saltan gozosas.)~
DOLLY
¡Jesús, qué alegría!
NELL
Pues no sabíamos nada. ¿Lo sabías tú, abuelito?
EL CONDE, ~pensativo~.
Sí.
DOLLY, ~volviendo a coger el brazo de Albrit~.
Vamos, a prisita.
NELL, ~inquieta~.
Tenemos que arreglarnos.
SENÉN
Las señoritas han de ir al _hotel_ del señor Alcalde, a esperar a su mamá.