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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 48

Comienzo · continuación 48

¡Vaya una pregunta! ~(Acariciándole.)~ Ya te dije esta mañana en la Pardina que tu Dolly no se separará nunca de ti... A donde tú vayas, voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero compartir tu pobreza, cuidarte, ser la hijita de tu alma.

EL CONDE, ~con grandísima agitación~.

¡Oh, Dolly, Dolly!...

DOLLY

¿Qué tienes?...

EL CONDE

Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, y se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no cabe...

DOLLY

Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo. ~(Le abraza y le besa.)~

EL CONDE, ~alelado~.

Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero pisotea el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.

DOLLY

Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a donde quiera que vayas...

EL CONDE, ~vivamente~.

Si no te llevo, ¿qué?

DOLLY

Me moriré de pena.

EL CONDE, ~elevando hacia el cielo las palmas de sus manos~.

Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre debo dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... Del seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que de nada valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser humano. Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es lo que permanece... El ánima no se oxida.

D. PÍO, ~con hermosa ingenuidad~.

Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor? ¿En dónde está la verdad?

EL CONDE, ~abrazando a Dolly~.

Aquí... ~(Como quien vuelve de un desvanecimiento.)~ Dime, amigo Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo, trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud.

DOLLY, ~besándole~.

Albrit, ¿quién te quiere?

EL CONDE

Tú sola.

DOLLY

No te llamaré Albrit, sino _Abuelo_.

EL CONDE

Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el sentido que quieras.

D. PÍO, ~con unción~.

Dios es el abuelo de todas las criaturas.

EL CONDE

Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?

D. PÍO, ~sollozando~.

Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.

EL CONDE

¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... ~(Con resolución, incorporándose.)~ Vámonos.

D. PÍO

¿A dónde?

EL CONDE

A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres; pero a Dolly no le importa la pobreza.

DOLLY

Con mi cariño te haré yo rico.

EL CONDE, ~con ardiente júbilo~.

Coronado, ¿has oído esto?

D. PÍO

Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos. Ahora hablan.

EL CONDE

Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la amistad. Ven, síguenos.

D. PÍO. ~señalando el cantil~.

Pero...

EL CONDE

Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que me tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.

D. PÍO

Escondámonos en cualquier aldea.

EL CONDE

Dios nos protege. ~(A Dolly.)~ ¿Está cojito mi ángel? Ven a mis brazos. Pesas poco, y yo aún tengo vigor para cargarte. ~(La toma en brazos.)~ Vámonos primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.

~Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de los senderos y atajos, va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no cansar al abuelo, se desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen en las lomas que separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la aldea de este nombre y en una pobre casa de labor, les da generosa y cordial hospitalidad un matrimonio dedicado a la cría de carneros y vacas; gente sencilla; un par de viejos honradísimos y joviales, que allí habían nacido, y allí moraban desde tiempo inmemorial; restos nobilísimos, olvidados ya, del poderoso Estado de Laín. Amanece.~

~Al filo del mediodía, llega la pareja de la Guardia civil con una carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice así: «_Señor Conde, puesto que usted quiere a Dolly, y Dolly le quiere, doy mi consentimiento para que viva en su compañía, por sus días. Y que estos sean muchos desea ardientemente su hija_--LUCRECIA.»~

D. PÍO, ~entre helechos, filosofando~.

¿El mal... es el bien?

FIN DE LA NOVELA

Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de 1897.

ÍNDICE

Págs.

✦

Un respiro entre páginas.

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