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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 38

Comienzo · continuación 38

NELL

Palabra... y el alfiler si resulta que no me engañas. ~(Senén remusga, haciéndose de rogar.)~ Maldito, habla de una vez... Vamos, no sé qué te haría.

SENÉN

Queda entre los dos... No fastidiar... Pues... quieren casar a la señorita...

NELL, ~vivamente, poniéndose muy encarnada~.

¡A mí!

SENÉN

A usted... con el primogénito de los Duques de Utrech... Ya sabe: Paquito Utrech, Marqués de Breda... lleva ese título hace seis meses. ¡Vaya un partido! ¡Rico él, elegante él, guapo él!...

NELL, ~afectando incredulidad y conteniendo la risa, para que no le salga al rostro el contento, que, no obstante, sale a borbotones~.

¡Vaya unos embustes que te traes! Quita allá... ¿tú crees que yo soy tonta?... No me digas esas cosas si no quieres que te...

LA ALCALDESA, ~llamando desde el jardín~.

¡Nell, Nell!

NELL

Aquí estamos... Voy. ~(Corre al jardín, y Senén tras ella.)~

LA ALCALDESA

Hija, no sé dónde se ha metido tu hermana. Hace un momento estaba aquí...

NELL, ~llamando~.

¡Dolly!

SENÉN

Vámonos pronto.

~(Preguntando en los corros, se averigua que Dolly hablaba momentos antes con D. Pío, y... no se sabía más.)~

NELL

Se habrá ido con él.

SENÉN

Sin duda. En la Pardina la encontraremos. ~(Despídese Nell, y sale con Senén, a punto que entra el señor Alcalde, bufando. Viene de la sesión del Ayuntamiento, que ha sido borrascosa. Sus colegas le han hecho el desaire de rechazar la moción, por él presentada, para que a la calle de _Potestad_ se le cambie el nombre, llamándola _Calle del Siglo XIX_.)~

ESCENA XV

~Comedor en la Pardina.~

~EL CONDE, en la propia actitud en que quedó al final de la escena XIII. Llegan sucesivamente DOLLY con DON PÍO, NELL con SENÉN; VENANCIO y GREGORIA, EL CURA, EL ALCALDE.~

EL CONDE, ~oyendo ruido~.

Ya vienen.

DOLLY, ~entrando presurosa~.

¡Abuelito de mi alma... aquí, tan solito, y nosotras de fiesta!

EL CONDE, ~besándola~.

Alma mía, paréceme que hace un siglo que no te veo.

D. PÍO, ~sofocadísimo~.

En cuanto le dije que usía la llamaba, le faltó tiempo para echar a correr.

EL CONDE

¡Hija querida!

D. PÍO

Ni siquiera se despidió de Doña Vicenta. Me ha traído ¡ay! como si viniéramos a apagar un fuego.

EL CONDE

¿Y Nell?

DOLLY

Por no detenerme no me cuidé de buscarla entre el tumulto.

D. PÍO

Ya me parece que llega.

NELL, ~entrando, seguida de Senén~.

Albrit... ¿qué ocurre? ¿Qué le pasa al primer caballero de España, mi ilustre abuelo?

~(Gregoria y Venancio aparecen por el fondo.)~

EL CONDE, ~sorprendido del lenguaje ceremonioso que usa Nell~.

Chiquilla, desde que no nos vemos has estudiado más de lo que creí... has adelantado prodigiosamente en la ciencia del mundo.

NELL

¿Has paseado mucho...?

DOLLY, ~acariciando al abuelo~.

Demasiado... ¡Pobrecito! ¡Cómo habíamos de permitir tal infamia si la hubiéramos sabido!

NELL, ~sorprendida~.

¿Pues qué ocurre?

~(Entra el Cura, un tanto cohibido. No sabe a quién dirigirse primero, si a las niñas o al Conde.)~

DOLLY

D. Carmelo te lo dirá.

EL CURA

Niñas mías, podéis creer que al llevarle a Zaratán nos guiaba el deseo de aposentarle dignamente. Creía y sigo creyendo...

EL CONDE, ~que sale generosamente a la defensa del Cura~.

No te apures, Carmelo, por sincerarte. Estas tontuelas no están bien enteradas. Todo se reduce a que me llevásteis a dar un paseo en coche, y yo tuve la humorada de volverme a pie en compañía del buen Coronado.

EL ALCALDE, ~que entra presuroso, dando resoplidos~.

Me lo temía, sí... me lo temía. El señor Conde se nos ha vuelto un chiquillo...

EL CURA, ~animándose con el refuerzo del Alcalde~.

Y desconoce el grandísimo bien que hemos querido hacerle.

EL ALCALDE, ~con petulancia~.

¡Vamos, que fugarse del Monasterio! No he visto otra... ¡Desmentir así su respetabilidad!

EL CONDE, ~con jovialidad desdeñosa~.

Amigo Monedero, no es lo mismo hacer fideos que encerrar leones.

EL ALCALDE, ~quemado~.

En una y otra cosa, Sr. de Albrit, me tengo por hombre que sabe su obligación.

EL CONDE

No la sabe muy bien cuando tan mal le ha salido esta tentativa.

EL CURA, ~interviniendo pacíficamente~.

Permítame, señor Alcalde...

EL ALCALDE, ~echando roncas~.

Digo y repito que sé mi obligación, y que no necesito que nadie me enseñe a sujetar a los que no deben estar sueltos.

EL CONDE, ~con desprecio~.

No te conozco... No puedo ver en esas arrogancias al buen Pepe Monedero, servidor que fue de mi casa, cuando aquí, siguiendo las tradiciones de mi santa madre, consagrábamos parte de nuestra hacienda al socorro de los desvalidos.

EL ALCALDE, ~desconcertado~.

Pues si usted me desconoce, le diré...

EL CONDE

No te empeñes en ello. No te conozco. Sobre que no veo bien, la ingratitud desfigura los rostros...

DOLLY

No sea usted ingrato, D. José María.

EL ALCALDE, ~reventando de vanidad~.

Haga usted entender a su señor abuelo que soy el Alcalde de Jerusa.

DOLLY, ~estallando en ira, con gallarda fiereza~.

Pues al Alcalde de Jerusa, y al Cura de Jerusa, y a todos los alcaldes y a todos los curas habidos y por haber en el mundo, les digo yo que es una oficiosidad inicua lo que han querido hacer con mi abuelo...

EL CURA

¿Pero tú...?

EL ALCALDE

¡Esta mocosa...! Usted...

DOLLY, ~creciéndose a cada palabra~.

Sí, señor, yo... yo misma. Han faltado al respeto que merece el noble desvalido, el anciano, el padre de Jerusa, el que no debiera entrar en estos valles y en este pueblo sin que antes las piedras se levantaran para bendecirle, y hasta los árboles se arrodillaran para adorarle... ¿Por qué queréis privarle de libertad? No padece más locura que el cariño que nos tiene; y si los que se han criado a su sombra le menosprecian o le ultrajan, aquí estamos nosotras, sus nietas, para enseñar a todo el mundo la veneración que se le debe.

EL CONDE, ~en pie, cruzando las manos~. ~(La emoción le ahoga.)~

¡Señor, Señor, ella es... es la mía...! Su noble fiereza lo declara... ~(Vuélvese a Coronado, que está junto a él.)~ Esta, esta... la mía.

EL CURA, ~que ha permanecido junto a Nell~.

Cálmate, hija mía: tratábamos de mejorar su situación...

EL MÉDICO

¡Vaya un geniecillo!

NELL, ~corriendo al lado del Conde~.

Abuelito querido, sosiégate. Creyeron que en Zaratán tendrías mejor albergue que aquí... Y no me parece mala idea, francamente, porque si nosotras nos vamos con mamá...

EL CONDE, ~con dulzura un poco seca, sin rechazar sus caricias~.

Sí: tú, tú puedes marchar cuando quieras.

NELL, ~sin comprender~.

Se acabó la cuestión... Ahora descansas... Antes se te dispondrá la cena. Dolly, démosle de cenar.

EL CURA

Podría venir a mi casa...

DOLLY

¡Pero si está en la nuestra!

EL CURA

Dígolo porque... Bien sabéis que las desavenencias de estos días han creado cierta incompatibilidad entre el señor Conde y Venancio...

NELL

¡Incompatibilidad!... Estamos en nuestra casa.

VENANCIO, ~adelantándose, seguido de Gregoria~.

Perdone la señorita. Las señoritas, lo mismo que el señor Conde, están en mi casa.

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Un respiro entre páginas.

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