CAPÍTULO 37
Comienzo · continuación 37
Dice D. Carmelo que se quedó dormidito en el coro. Pues como se desmande y quiera escabullirse, no faltará quien le sujete; que el Prior de Zaratán no es hombre de mieles como nosotros, y las gasta pesadas. ~(Óyese la campana de la puerta.)~
GREGORIA, ~temblando~.
¡Jesús me valga!
VENANCIO
Ha sonado la campana... Alguien entra... ~(Se asoma a la ventana.)~ Será José María...
SENÉN, ~que también se asoma~.
¡Qué chasco, si fuera Albrit!...
GREGORIA, ~trémula~.
Si me parece que he oído su voz diciendo: «¡Ah de casa!»
VENANCIO
No puede ser... ~(Mirando afuera.)~ ¡Rayos y jinojos, él es!
GREGORIA
Será un alma del otro mundo...
SENÉN
Se ha escapado el león...
EL CONDE, ~entrando; tras él D. Pío, que, distraído, conserva su pañuelo a la cabeza~.
Sí, aquí está la fiera... Soy yo, mis queridísimos Gregoria y Venancio; el propio Albrit, vuestro señor que fue, después vuestro huésped. ~(Dirígese con calma al sillón que suele ocupar.)~ Y me acompaña mi buen amigo D. Pío Coronado, a quien veis en esa extraña facha porque el aire le privó de su sombrero.
D. PÍO, ~con timidez, quitándose el pañuelo~.
Perdón les pido... Me retiraré si estorbo.
EL CONDE
Aquí no estorba nadie... ~(A Venancio y Gregoria.)~ Ya comprenderéis que no vengo a pediros nuevamente hospitalidad. Con vuestras groserías me arrojásteis de la Pardina. No veáis en mí al pobre importuno que, despedido cien veces, cien veces vuelve. No; no entro en vuestra casa; entro en la casa de mis nietas, a quienes necesito ver esta noche.
VENANCIO
Señor... yo no he arrojado a usía... Es que se creyó que estaría mejor en los Jerónimos.
EL CONDE
¡Al diablo tú y los Jerónimos!
GREGORIA
La santa Virgen nos ampare.
SENÉN, ~queriendo meter su cucharada~.
Lo que quiere decir el señor Conde es que...
EL CONDE, ~impaciente~.
Lo que quiero decir es que necesito ver a mis nietas pronto. ¿Dónde están? ¿Por qué no han salido a recibirme?
GREGORIA
Ha olvidado el señor que las convidó la señora del Alcalde.
EL CONDE, ~severo~.
Que vayan a buscarlas inmediatamente. ~(Gregoria y Senén se ofrecen a traer a las niñas.)~ No, de ti no me fío... Tampoco tú eres de fiar... D. Pío, hágame el favor de traerme a Nell y Dolly.
SENÉN, ~lisonjero~.
Iré yo también, para que vea usía con qué solicitud ejecuto sus órdenes. ~(Vanse Senén y D. Pío.)~
VENANCIO, ~haciendo de tripas corazón~.
El señor querrá tomar algo.
GREGORIA
Como no contábamos con usía, nada hay preparado.
EL CONDE
Os lo agradezco. Cuando vengan mis nietas decidiré. Tú, Venancio, me harás el favor de ir a la Rectoral, y decir a Carmelo que deseo verle esta noche.
VENANCIO
El señor Cura estará cenando...
EL CONDE
Eso no es cuenta tuya. Haz lo que te digo.
VENANCIO
Bien, señor.
GREGORIA
¿Y a mi qué me manda usía?
EL CONDE
Que puedes irte a tus quehaceres. Deseo estar solo. ~(Apoyando en la mano su cabeza, quédase meditabundo.)~
GREGORIA, ~a su marido, que, al retirarse, amenaza con un gesto furtivamente al Conde~.
¡Por Dios, Venancio...!
VENANCIO
¡Otra vez en mi casa...! Yo te juro que mañana no habrá en la Pardina más que un león... el de piedra, que está en el escudo. ~(Se van.)~
ESCENA XIV
~Jardín y casa del Alcalde. Al llegar Senén y D. Pío, ven y admiran el jardín, iluminado con farolitos de colores colgados de los árboles. En la sala baja, cuyas ventanas están abiertas, suena el cascabeleo del piano. Óyense desde la calle alegres risotadas, cantos juveniles y pataditas de baile.~
~LA ALCALDESA, SENÉN; después NELL; mucha y diversa gente, pollas y chicarrones de la localidad.~
SENÉN, ~hablando con la Alcaldesa en la puerta de la sala baja, que está de bote en bote~.
Sí, señora, que vayan al momento. Nos ha mandado a D. Pío y a mí con esta comisión. Al maestro le he dejado en el jardín como un palomino atontado. Esta y no otra es la razón de que vengamos a turbar el regocijo de su fiesta _monocrástica_.
LA ALCALDESA, ~sofocando la risa~.
Onomástica, Senén.
SENÉN, ~sin dar su brazo a torcer~.
En Madrid lo decimos de varios modos. Decimos también _fiesta morganática_.
LA ALCALDESA
Bien, hombre, no riñamos por una palabra... Pero no acabo de creer que el león se haya escapado de la espléndida jaula de Zaratán. Cuando lo sepa José María, ¡bueno se pondrá! ¡Y D. Carmelo tan confiado en que el Prior se daría sus mañas para retenerle!
SENÉN
_Me inclino a creer_ que no hay quien pueda con Albrit. Para su soberbia no se han inventado jaulas ni barrotes bastante fuertes.
LA ALCALDESA
Te advierto que las chicas no saben nada de esta conspiración para enjaular a su abuelo.
SENÉN
Conviene que lo ignoren.
LA ALCALDESA
Es un dolor que ese viejo extravagante las llame en lo mejor de la fiesta. ¡Están tan divertidas las pobres! Lo que han gozado esta tarde no puedes figurártelo. Entra, y tomarás un dulce y una copa. ~(Senén da las gracias, y trata de ganar terreno dentro de la sala; pero el apretado gentío se lo impide.)~ Está esto imposible... Pues sí; ahora se ve que a estas infelices niñas de Albrit les gusta la sociedad, y que para la sociedad han nacido. Da pena verlas hechas unos saltamontes, del bosque a la playa y de la playa al bosque, cuando su centro, su atmósfera, como quien dice, es la buena sociedad, el dar broma con decoro, y el divertirse lícitamente. Esta tarde lo hemos visto. ¡Virgen, lo que han picoteado con Manolo y Serafín, los de la confitera! Ellos son saladísimos, llenos de picardía, eso sí; pero elegantitos. Estudian en Madrid.
SENÉN, ~introduciéndose más~.
Les conozco.
LA ALCALDESA
Van a los estrenos, frecuentan las reuniones, saben de memoria todas las tonadillas del género chico, montan en bicicleta...
SENÉN
Son chicos muy simpáticos... Allá veo a Dolly de conversación tirada con el tontaina de Tomasín, el del Registrador. Como hay Dios, que le está tomando el pelo.
LA ALCALDESA
¿Esa? Es capaz de tomárselo al lucero del alba.
SENÉN
Procure usted, Doña Vicenta, echármelas para acá, y si no puede usted a las dos, cójame a la que pueda... que ya es tarde, y el león debe de estar impaciente, sacudiendo las melenas.
~(Intérnase Vicenta. Nell, rompiendo por entre el gentío, sofocada, fulgurantes los ojos de la batahola del baile y de la excitación de tanto charloteo, va en busca del antiguo criado de su casa.)~
SENÉN
Señorita Nell, aquí estoy.
NELL
¡Vaya un fastidio, Senén! ¡Qué poco nos dura el contento! ¿Por qué no nos deja el abuelito cenar aquí? ¿Se ha puesto malo? ~(Senén deniega.)~ Pues nos iremos. Espérate un poquito... A ver dónde está Dolly.
SENÉN, ~en tono de protección~.
¡Es lástima que las señoritas no disfruten de la sociedad!... Pero, según mis _informes autorizados_, pronto se les acabará el aburrimiento y la sosería de este destierro de Jerusa.
NELL, ~con vivo interés~.
«Según tus noticias,» has dicho... Ah, Senén, tú has estado en Verola. ¿Hablaste con mamá?
SENÉN, ~haciéndose el discreto~.
Vine esta mañana de Verola. Los vientos que allí corren son que la señora Condesa, cuando regrese a Madrid, no dejará a sus hijas en esta _villa provinciana_.
LA ALCALDESA, ~en alta voz, en medio de la sala, dando palmadas~.
Aquí no se cabe, señoritas y caballeros. Al jardín, a mi jardín, que para eso os lo he iluminado a la veneciana.
~(Salida impetuosa de la muchedumbre juvenil de ambos sexos, y de las personas mayores. La juventud se precipita, toma la delantera a los viejos, y se desborda fuera del recinto, ávida de mayor y más fresco espacio en que producir su actividad bulliciosa: la oleada pasa junto a Senén, pero no le arrastra.)~
NELL, ~que permanece en la sala, conteniendo su afán de correr también hacia el jardín~.
Dime pronto. ¿Te habló mamá? ¿Nos llevará consigo? ~(Senén afirma.)~ ¿Pero es verdad, o suposiciones tuyas? ¿Vuelve mamá por aquí?
SENÉN
Seguramente. Dentro de unos días... Hay allí mucha grandeza, marqueses y duques.
NELL
¿Y eso qué...?
SENÉN, ~como quien recela decir lo que sabe~.
La señora no podrá... En fin, no sé. Eso depende...
NELL, ~inquieta~.
Habla pronto; dime lo que sepas, o me voy.
SENÉN
No podré _comunicar_ nada a la señorita si no tiene un poquitín de paciencia. ~(Nell quiere conducirle al jardín.)~ Mejor hablamos aquí. Ya ve la señorita que nos hemos quedado solos.
NELL, ~en quien por el momento puede más la curiosidad que el anhelo de divertirse~.
Bueno: pues aquí me estoy.
SENÉN
Por esta noche, me limito a _consignar_... y esta es noticia adquirida en los centros oficiales... que la señora Condesa ha decidido presentar a sus niñas en sociedad.
NELL
Tú me engañas, Senén maldito. ¡Oh! Pues si eso fuera verdad, y acertaras... vamos, te regalaría yo muy pronto un alfiler de corbata mejor que ese que llevas... ¿Hablas en broma?
SENÉN, ~radiante de fatuidad~.
Hablo con toda la seriedad propia de mi carácter. Y si la señorita me promete guardar secreto, le diré otra cosa. Pero ha de asegurarme que esto no saldrá de entre los dos... ¿Palabra?