CAPÍTULO 32
Comienzo · continuación 32
¡Qué criatura! Dile que venga.
NELL
Cree que estás enfadado con ella, y no se atreve a venir.
EL CONDE, ~imperioso~.
Que venga, digo.
NELL, ~en la puerta de la casa, llamando~.
A Dolly, que venga. Dolly, ven... Dice que no está enfadado.
DOLLY, ~con mandil de arpillera, remangados los brazos~.
Abuelito, con esta facha no quería presentarme a ti.
EL CONDE
Ven... no seas tonta... Gracias, chiquilla, por el excelente café que me has hecho.
DOLLY
Y si me dejase Gregoria, te haría un arroz... que te chupabas los dedos.
EL CONDE, ~sonriendo benévolo~.
Bien, bien... Vaya, posees el genio de dos artes muy difíciles: la pintura y la culinaria.
DOLLY, ~haciendo una graciosa reverencia~.
Para servir a usía, señor Conde.
NELL
Mientras nosotras estemos aquí, no te faltará nada, papaíto.
EL CONDE, ~a Dolly~.
Pues aplícate, hija, aplícate, y serás una excelente cocinera. Quizás te conviene más de lo que tú crees. ¿Y Nell, no guisa?
NELL
¡Ay! yo no sirvo para eso. Me da repugnancia... Además, no sé; vamos, que no me gusta.
EL CONDE
Cada cual según su temperamento.
DOLLY, ~riendo~.
Esta es tan _finústica_, que para fregar un plato, es preciso que el plato esté limpio.
NELL, ~riendo~.
Esta es tan a la pata la llana, que no lava las cosas sino cuando están muy sucias.
DOLLY
Claro.
EL CONDE
Cada cual, chiquillas, es como es, y no puede ser de otra manera. ¡Y yo que no veía diferencia entre vosotras! Ahora, no solo os distingo, sino que os considero con absoluta desigualdad. Ya separo vuestros caracteres, separo vuestras voces, separo vuestras almas... Sois el día y la noche, el alfa y la omega... la... No, no os digo lo que pienso, pobrecitas; no me entenderíais.
ESCENA V
~EL CONDE, NELL y DOLLY, EL CURA; después D. PÍO~
EL CURA
La paz sea en esta casa.
EL CONDE
_Curiambro_, buenos días... Yo bien, ¿y tú?
EL CURA
Pasando... Ya me enteré... Venancio y Gregoria se han llevado un mediano réspice. No se repetirá el disgusto; yo se lo aseguro al noble _león de Albrit_.
EL CONDE
_El león de Albrit_, que no teme las fieras, pero siente repugnancia de las alimañas inferiores, tendrá que buscar otra cueva.
EL CURA
A propósito de cuevas, el Prior de Zaratán, que, entre paréntesis, quedó ayer encantadísimo de la exquisita cordialidad con que usted le recibió, nos invita hoy a tomar un bocadillo en su Monasterio.
EL CONDE
¿A mí también?
EL CURA
A usted principalmente. Iremos Monedero, Angulo y yo, en calidad de séquito, de cortesanos o chambelanes de Vuestra Señoría, por no decir Majestad.
EL CONDE
Gracias... Pues no me opongo. A cortesía nadie me gana. Visitaré gustoso el Monasterio.
EL CURA, ~a Nell, que le hace señas~.
No, si vosotras no vais. No queremos estorbos. Además, Vicenta Monedero, por mi conducto, os invita a comer en su casa, y a pasar allá la tarde.
EL CONDE
¿La Alcaldesa?
EL CURA
Celebra su fiesta onomástica... Allí tendréis a toda la juventud florida de Jerusa.
DOLLY
Lo siento... Mejor me estaba yo todo el día en mi cocinita.
NELL
¡Tonta, si el abuelo no ha de comer aquí!
EL CONDE
¿Cómo no?
EL CURA
Seguramente, los señores frailes no nos soltarán a dos tirones. Me figuro el convitazo que habrán dispuesto, algo así como las bodas de Camacho, o los festines de Lúculo. Ea, chiquillas; hoy secuestro al león. Yo cuidaré de que no se aburra lejos de vosotras.
DOLLY
Malditas ganas tengo yo de festejo.
NELL, ~gozosa~.
Sí que iremos. Nos divertiremos mucho.
EL CURA
Nell es más sociable que Dolly... ~(A Dolly.)~ Pero, tonta, ¿no te avergüenzas de que te vean tiznada?... ¡Uy! ¡cómo apestas a cebolla!
DOLLY
Mejor. Pues a usted bien le gusta que le den comiditas buenas... y bien se regodea y se relame.
EL CURA
Veremos lo que te dura esa ventolera de los afanes domésticos... ~(Mira al Conde como pidiéndole su parecer; pero D. Rodrigo, profundamente abstraído, no atiende a la conversación.)~
EL CONDE, ~con una idea fija~.
Cada cual, según es...
D. PÍO, ~con timidez, desde la puerta~.
¿Dan permiso?
EL CURA
Adelante, gran Coronado.
DOLLY
Hoy no hay lección, Piito. Tengo mucho que hacer.
NELL
¡Qué gracia! El juego de las comiditas. ~(Al Cura.)~ Pues hoy me da a mí por estudiar de firme, ea.
EL CURA
¡Bravísimo!
NELL, ~con estímulo de amor propio~.
Quiero aprender, quiero instruirme. La ignorancia me avergüenza, y empieza a estorbarme. Hoy estudiaré por las dos. ¿Te gusta, abuelito?
EL CONDE, ~divagando~.
Cada una, según su natural...
D. PÍO, ~a Nell~.
¿Vamos?
DOLLY
Yo, a mis cacerolas.
NELL
Y yo, a darle la jaqueca a D. Pío.
EL CURA
Y yo, a ponerme de acuerdo con el Alcalde sobre la hora a que hemos de salir. ~(Dando su mano al Conde.)~ Vendremos por usted.
EL CONDE
Hasta luego, hijo.
EL CURA, ~a las niñas~.
Cuando terminen, la una sus lecciones, la otra su trajín, prepárense para la fiesta de Vicenta. Que os pongáis bien guapas, ¿eh?... Cuidado, chiquillas, que representáis en el mundo la gloria, la nobleza, la tradicional elegancia de Albrit.
DOLLY
Bueno, bueno. Estamos enteradas. ~(Se detiene, esperando que el abuelo le diga algo.)~
EL CONDE
Dolly...
DOLLY, ~presentando su mejilla~.
Abuelito...
EL CONDE, ~besándola~.
No estoy enfadado contigo. ¿Y tú conmigo?
DOLLY
Lo estuve... pero ya pasó... ~(Vase gozosa.)~
EL CONDE, ~tomando el brazo de Nell~.
Nell, aguarda... Quiero asistir a tu lección. Llévame, hija mía.
~(Entran en la casa, seguidos de D. Pío.)~
ESCENA VI
~Dormitorio del Conde.~
EL CONDE, ~que entra~; DOLLY, ~barriendo~.
EL CONDE