CAPÍTULO 3
Comienzo · continuación 3
VENANCIO
Su... ¿qué has dicho? ¡Vaya unas palabras finas que te traes!
GREGORIA, ~incomodándose~.
Pero ya son creciditas, jinojo... Algún día tiene que presentarlas en la corte, casarlas...
SENÉN
¿Casarlas? Dificilillo es... y lo pruebo.
GREGORIA
¿Cómo no, si son tan monas?
SENÉN
Les concedo el buen palmito. Pero cualquiera carga con ellas, educadas en la ñoñería, con hábitos y maneras de pueblo, y, por añadidura, pobres... porque la Condesa está dando aire a la fortuna, y cuando toquen a liquidar, no habrá más que pagarés vencidos, cuentas no liquidadas, y el diluvio... Ya lo dijo Luis XV ~(estropeando el francés)~: _Apré muá, le diluch._
GREGORIA, ~incomodándose más~.
La madre será lo que quieran: una feróstica, una púa extranjera; pero Dorotea y Leonor a ella no salen, digo que no salen... y lo pruebo también.
VENANCIO
Son buenísimas, aunque algo traviesas; almas puras, ángeles de Dios, como dice D. Carmelo.
GREGORIA
Créelo, Senén; las quiero como si fueran mis hijas, y el día que se las lleven me ha de costar algunas lágrimas.
SENÉN, ~con impertinencia~.
¿Y de instrucción, qué tal?
VENANCIO
Poca cosa les enseña D. Pío, el maestro jubilado del pueblo. Sobre que él sabe poco, no tiene carácter, y las chicas le han tomado por monigote para divertirse.
GREGORIA
Todo el día se lo pasan enredando. Ya se ve: no están en su esfera, como dice Angulo, nuestro médico.
VENANCIO, ~repitiendo una frase del Doctor~.
Su institutriz es la Naturaleza, su elegancia la libertad, su salón el bosque. Bailan al compás de la mar con la orquesta del viento.
SENÉN, ~que se levanta, recordando con inquietud algo que había olvidado~.
¡Buena la hemos hecho!
VENANCIO
¿Qué te pasa?
SENÉN
Que con tanto charlar se me olvidó el encargo del señor Alcalde.
GREGORIA
¿Para nosotros?
SENÉN
Sí... ¡qué cabeza! Pues que inmediatamente le llevéis las niñas, para que la Condesa las vea en cuanto llegue.
VENANCIO
Es natural. Y comerán allí.
SENÉN
¿Están en casa?
GREGORIA
De paseo andan por el bosque. ~(Mirando hacia la izquierda.)~ No las veo.
VENANCIO
Correteando, y de juego en juego, se habrán ido a media legua de Jerusa.
SENÉN
¿Y las dejáis andar solas por el bosque?
GREGORIA
Solitas van. Todo el mundo las respeta.
VENANCIO
Hay que ir corriendo a buscarlas.
SENÉN
Si queréis, iré yo... ¿No saben todavía que hoy viene su mamá?
GREGORIA
No lo saben... ¡pobres hijas!
SENÉN
Pues yo se lo diré, y las traeré por delante, como un pavero de Navidad.
VENANCIO
Las encontrarás, de fijo, bosque arriba, en el sendero de Polan... Pero mira, chico, no les hagas la corte. Verdad que sería inútil.
SENÉN, ~con ganas de irse pronto~.
¿La corte yo?... ¿Yo, _este cura_? ¡Señoritas que no viven en _su elemento_ y reúnen todo lo malo, orgullo y pobreza...!
GREGORIA
Están verdes.
SENÉN
Que las madure quien quiera. ¿Decís que bosque adentro?...
VENANCIO
Vete, y tráelas pronto.
GREGORIA
Vivo... ~(Viéndole partir.)~ ¡Vaya un pájaro!
VENANCIO
¡Vaya un peje!
ESCENA III
~Bosque en las inmediaciones de Jerusa, formado de corpulentos robles, hayas y encinas. Lo atraviesa un tortuoso sendero, donde se ven los surcos trazados por los carros del país. Por el Norte, formidable cantil de roca y conglomerado, en cuyos cimientos baten las olas del mar; al Sur cierra el paisaje la espesura de la vegetación; hacia el Oeste serpentea y se subdivide el sendero, atravesando algunas calvas y espesos matorrales.~
~LEONOR y DOROTEA, niñas de quince y catorce años respectivamente, lindas, graciosas, de tipo aristocrático, la tez bronceada por el aire marino y el sol. Son negros sus ojos, rasgados, melancólicos; negro también su cabello, peinado al descuido en moño alto. Se lo adornan con flores silvestres, que van clavando en él como se clavan los alfileres en un acerico. La diferencia de edad, un año y meses, apenas en ellas se distingue, y por gemelas las tienen muchos, viendo la semejanza de sus rostros, y la igualdad del talle y estatura. Son ágiles, correntonas, traviesas; dos diablillos encantadores. Visten, con sencillez graciosa y elegancia no aprendida, trajecitos claros, cortados y cosidos en Jerusa. La modestia da más realce a su gentileza vivaracha, y les imprime cierta gravedad dulce cuando están quietas. Desde la niñez, su madre, irlandesa, las nombraba con los diminutivos ingleses NELL y DOLLY, y estos nombres exóticos prevalecieron en Madrid como en Jerusa. Las acompaña y juega y brinca con ellas un perrito canelo, de pelo largo y fino, hocico muy inteligente, rabo que parece un abanico. Atiende por _Capitán_.~
DOLLY
Estoy cansada; yo me siento. ~(Se recuesta en el tronco de un roble.)~
NELL
Estoy entumecida; yo quiero correr. ~(Disparándose en carrera circular, vuelve al punto de partida.)~
DOLLY, ~mirando a la copa del árbol~.
¡Qué gusto poder subir, y posarse en una rama!... ¡Nell!
NELL
¿Qué quieres?
DOLLY
Decirte una cosa. ¿Qué te apuestas a que me subo a este árbol?
NELL
Te desgarrarás el vestido...
DOLLY
Lo coseré... sé coser tan bien como tú... ¿A que me subo?
NELL
No está bien. Nos tomarían por chiquillas de pueblo.
DOLLY, ~que suspendiéndose de una rama, se balancea~.
Pues ser chiquilla de pueblo o parecerlo, ¿crees tú que me importa algo? Dime, Nell, ¿andarías tú descalza?
NELL
Yo no.
DOLLY
Yo sí... Y me reiría de los zapateros. ~(Viendo que Nell se sienta y saca un librito.)~ ¿Qué haces?
NELL
Quiero repasar mi lección de Historia. Ya hemos corrido bastante; estudiemos ahora un poquito. Acuérdate, Dolly: ayer, D. Pío te dijo que no sabes jota de Historia antigua ni moderna, y en buenas formas te llamó burra.
DOLLY
Burro él... Yo sé una cosa mejor que él: sé que no sé nada, y D. Pío no sabe que no sabe ni pizca.
NELL
Eso es verdad... Pero debemos estudiar algo, aunque no sea más que por ver la cara que pone el maestrillo cuando le respondemos bien. Es un alma de Dios.
DOLLY
Mejor la pone cuando le damos alguna golosina, de las que guardamos para _Capitán_.
NELL
Anda, ven; estudiemos un poquito. ¿Sabes que es un lío tremendo esto de los Reyes godos?
DOLLY
El demonio cargue con ellos. Son ciento y la madre... y con unos nombres que pican como las zarzas, cuando una quiere metérselos en la memoria.
NELL
Ninguno tan antipático y majadero como este señor de Mauregato.
DOLLY
¡Valiente bruto!
NELL
Nada: que tenían que echarle cien doncellas por año para desenfadarle.
DOLLY
Para desengrasar, como dice D. Carmelo.
NELL
La verdad es que la Historia nos trae acá mil chismes y enredos que no nos importan nada.
DOLLY. ~(Siéntase junto a su hermana. El perro se echa entre las dos.)~
Figúrate qué tendremos que ver nosotras con que hubiera un señor que se llamaba Julio César, muy vivo de genio... Ni qué nos va ni nos viene con que le matara otro caballero, cuyo nombre de pila era Bruto... ¿A mí qué me cuenta usted, señora Historia?
NELL
Pero, hija, la ilustración... ¿A ti no te gustaría ser ilustrada?
DOLLY, ~acariciando al perrito~.