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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 28

Comienzo · continuación 28

Hermoso será sin duda.

EL CURA

De mí sé decir que siempre que voy a Zaratán me dan ganas de ponerme la cogulla y quedarme allí.

EL CONDE

¿Por qué no te quedas? Te convendría, créeme, entablar relaciones con el azadón.

EL CURA, ~suspirando~.

¡Oh! sí... Pero no soy libre. Pertenezco a mis feligreses. Usted sí, Sr. D. Rodrigo; usted sí que debería ser el Carlos V de ese Yuste.

EL CONDE, ~vagamente, sin mirarles~.

No es mala idea...

EL MÉDICO, ~pensando que no es pertinente manifestar el deseo ni menos el propósito de llevarle a Zaratán~.

El señor Conde no gustará quizás del excesivo regalo y _confort_ que allí tendría.

EL CURA

Seguramente no. Los monjes le tratarán con demasiado mimo, y el mimo y los agasajos excesivos pugnan con el carácter rudo y llanote del Conde de Albrit.

EL CONDE

Según y conforme, amigos míos. ~(Con sutil malicia.)~ Antes de resolver nada en este delicado punto, la primera persona con quien debo consultar es Venancio, a quien debo generosa hospitalidad... Venancio, acércate. ¿Has oído? Sí, tú todo lo oyes. ¿Qué te parece? ¿Debo ir a Zaratán?

VENANCIO. ~(Oportunamente aleccionado por el Médico y el Cura, contesta todo lo contrario de lo que tan ardientemente desea.)~

Señor, en ninguna parte está usía como en su casa.

EL CONDE, ~con finísima marrullería~.

Ya veis... ¡Cómo he de desairar yo a este hombre tan bueno para mí... que me hace la limosna con cristiana delicadeza!... Ea, hablemos de otra cosa.

EL CURA, ~contrariado de que el Conde desvíe tan bruscamente la conversación~.

Pero esto no es óbice para que el señor Conde reciba al Prior...

EL MÉDICO

Ni para que le pague la visita. Iremos todos. Yo quiero que se haga cargo de la organización admirable de Zaratán.

NELL, ~gozosa~.

¿Iremos, abuelito?

DOLLY

D. Carmelo... ¿iremos nosotras?

EL CONDE, ~impaciente por pasar a otro asunto~.

Veremos esa maravilla... Gregoria. ~(Adelántase Gregoria.)~ Ven acá, mujer... Quiero felicitarte delante de todos por la excelente cena que nos has dado. Sin necesidad de que yo te lo advirtiera, te has esmerado esta noche, porque tenemos dos buenos amigos a nuestra mesa. Así me gusta. El régimen de sobriedad y economía se guarda, naturalmente, para cuando estamos solos las niñas y yo.

GREGORIA, ~azorada~.

Señor...

EL CONDE, ~envolviendo su sátira en formas exquisitas~.

Yo alabo tu arreglo, y me parece muy bien que, cuando como solo con estas, no se conozca que eres buena cocinera, ni que tu despensa está bien surtida, ni que posees vajilla elegante y manteles limpios. Decidido a dejarme educar por vosotros en la sordidez y en la miseria, que tan bien cuadran a este tristísimo fin de mi vida, os daría la satisfacción, si lo quisiérais, de comer con vosotros en la cocina... ~(Mutismo enojoso de Gregoria y Venancio. Este traga saliva muy amarga. El Cura y el Médico no saben qué decir.)~ Yo te felicito una y otra vez, porque distingues, con claro talento, entre mi persona humilde y la de mis amigos. Nos debemos a la sociedad. ~(Gregoria recoge las migajas y el servicio del postre sin decir una palabra. La procesión va por dentro. Venancio se retira.)~ Y estoy bien seguro, porque te conozco, de que el café de esta noche será excelente, como tú sabes hacerlo cuando no estamos en familia, en la santa llaneza a que os obligan vuestros escasos recursos...

GREGORIA, ~tragándose la ira~.

El Sr. Angulo toma té, ¿verdad?

EL MÉDICO

Sí: el café me desvela.

EL CURA

A mí, no: venga café.

DOLLY

Lo serviremos nosotras.

NELL, ~levantándose~.

Ponlo en aquella mesita.

GREGORIA, ~poniendo el servicio donde se le indica~.

Aquí está.

~(El Cura saca su petaca, y da un cigarro al Conde. Ambos encienden. El Médico no fuma.)~

EL CONDE

Chiquillas, servidnos ya.

NELL, ~vivamente~.

Yo le sirvo al abuelo.

DOLLY

Le sirvo yo.

NELL

Yo...

DOLLY

A mí me corresponde.

NELL

¿A ti, por qué?

DOLLY

Porque no me senté a su lado. De algún modo se ha de compensar...

NELL

No me conformo. ~(Disputan con cierto calor sobre cuál servirá al abuelo.)~

EL CURA

Vaya, no reñir, niñas. ¿Qué más da?

DOLLY, ~testaruda~.

Sí da.

EL MÉDICO

Pues que lo echen a la suerte.

NELL

Eso es: dos pajitas.

EL CURA

Vaya... A la suerte. ~(Coge rabillos de guindas que han quedado en la mesa.)~ Una pajita grande y otra chica. ~(Las prepara y las da al Conde.)~ En manos del _león de Albrit_ está la suerte.

EL CONDE

Sea. Chiquillas, venid, y aquí tenéis la solución de vuestro destino.

~(Van las niñas, y de los dedos del abuelo cada una saca un palito.)~

NELL, ~con alegría~.

Yo gané. ~(Muestra la pajita grande.)~

DOLLY, ~retirándose corrida~.

Ha habido trampa.

NELL

¿Qué?

DOLLY, ~con ligereza, sin saber lo que dice~.

El abuelo ha hecho trampa.

EL CONDE

¡Que yo hago trampas!

DOLLY

Porque no me quiere.

EL CONDE, ~meditabundo, hablando solo~.

¡Qué innoble! No hay duda, es la falsa, la mala, la intrusa.

~(Las niñas llenan las tazas.)~

EL CURA

¡Si os quiere a las dos! Dolly, no te enfades.

DOLLY

Yo no me enfado. ~(Se ríe.)~

EL CONDE, ~para sí~.

¡Se ríe... qué descarada... después de ofenderme!

NELL, ~llevando al abuelo su taza~.

Abuelo... ahí lo tienes como te gusta, amarguito.

EL CURA

Dolly me sirve a mí. Ya sabes: pónmelo dulzacho.

DOLLY

Ahí va. Ahora el té para el doctor.

EL CONDE, ~para sí~.

¡Y aún se ríe!... Carece de delicadeza... No le hacen mella los desaires. Epidermis moral muy gruesa... extracción villana. ~(Alto.)~ ¿Qué tal os sirve la pintora?

EL CURA

Divinamente.

EL CONDE

Siempre juguetona y atropellada.

EL MÉDICO

Señor Conde, un poquito de ron. ~(Ofreciéndole de una botella que acaba de traer Gregoria.)~ Es riquísimo; le probará bien.

EL CONDE

No me sientan bien los alcoholes. Pero si te empeñas... Y parece muy bueno. ~(Catándolo.)~ ¡Qué guardadito lo tenías, Gregoria! Así se hace: estas cosas ricas para las ocasiones.

EL CURA, ~después de servirse ron~.

Ahora, chicuelas, un poquito para vosotras.

NELL, ~retirando su copa~.

No, no... ¡qué asco!

DOLLY

Yo, sí... póngame media copa, D. Carmelo.

EL CURA, ~riendo~.

Te emborrachas unas miajas, y a la camita.

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Un respiro entre páginas.

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