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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 26

Comienzo · continuación 26

LA MARQUEZA

Bendígalas Dios... ¡Qué par de pimpollos tiene aquí el buen Conde! Da gloria verlas tan reguapas, tan bien apañaditas... ¡Ay, qué vieja soy, y cuánto he visto en este mundo! El día en que nació el señor Condesito Rafael, padre de estas nenas, estábamos mi hermana y yo en la Pardina. Las dos le planchábamos a la señora Condesa. Usía no se acordará...

EL CONDE

Mi memoria flaquea. ¿Y tú te acuerdas de mi hijo?

LA MARQUEZA

Como si lo tuviera delante. Ya sé que está gozando de Dios.

EL CONDE

Dime una cosa: ¿se parecen a él mis nietas?

LA MARQUEZA, ~mirándolas detenidamente~.

Se parece la señorita _Nela_. Es la misma cara.

EL CONDE

¿Y su hermana?

LA MARQUEZA

La señorita _Dola_ no... digo, sí, también tiene la pinta; pero cuando se ríe, nada más que cuando se ríe.

EL CONDE, ~secamente~.

Rafael era muy serio...

LA MARQUEZA

¡Y qué galán! Tan caballero y _respetoso_ que toda Jerusa se quitaba el sombrero cuando pasaba, y hasta la torre de la iglesia parecía como si le hiciera la reverencia.

EL CONDE, ~que mira y no ve, impaciente~.

Dime, Marqueza, ¿qué hacen ahora las niñas? Oigo sus risotadas; pero no las veo.

LA MARQUEZA

Juegan con mis chicos... ¡Qué bonicas son, y qué afables con el pobre! La señorita _Nela_ quiere bailar con mi Narda, y la señorita _Dola_ y mi Gil están ahora cogiendo moras. Las niñas de la Pardina llevan la alegría por donde quiera que van. ¡Ay, si el señor las hubiera visto aquí, esta primavera, cuando venían a pintar...!

EL CONDE, ~sorprendido~.

¡A pintar!... ¿Acaso mis nietas son pintoras?

LA MARQUEZA

Anda, anda... ¿Pues no sabe...? Si pintan como los serafines. Pues en un librote grande retrataron toda esta casa, y a mí mesma... y hasta el guarro, con perdón, hasta el guarro, tan parecido, que era él en persona.

EL CONDE, ~excitadísimo, llamando~.

Nell, Nell... Ven acá, hija... ~(Se acerca.)~ Oye lo que dice la Marqueza... ~(Esta repite lo del guarro.)~

NELL

Yo, no. Es Dolly la que dibuja y hace acuarelitas...

EL CONDE, ~llamando~.

Dolly... ven... ¿Es verdad esto, Dolly?... ~(Acércase esta, sofocada.)~ ¡Qué callado te lo tenías! ¡Tú pintora!

DOLLY, ~con modestia~.

Me dio por hacer monigotes. Aquí veníamos algunas mañanas, por ser este el sitio más bonito de los alrededores de Jerusa.

NELL, ~que quiere congraciarse con Dolly~.

Tiene un álbum lleno de apuntes preciosos.

DOLLY

No valen nada, abuelito.

NELL

Dí que sí. Pinta y dibuja... ¡Si tuviera fundamento, qué preciosidades haría!

DOLLY

Quita, quita.

EL CONDE, ~con profundo interés~.

¿Quién te ha dado lecciones?

DOLLY

Nadie: lo que sé lo he aprendido yo solita, mirando las cosas. Me gusta, eso sí, y cuando me pongo a ello no sé acabar.

LA MARQUEZA

Unos señores que vinieron acá una tarde... eran de Madrid, y traían unas cajas con trebejos y cartuchitos de pintura... vieron lo que hacía la señorita Dola, y se pasmaron...

DOLLY, ~ruborizada~.

No hagas caso, papá.

NELL

Y dijeron que esta chica, si estudiara, sería una gran artista... sí que lo dijeron. No vengas ahora con farsas.

EL CONDE, ~con gran agitación, que procura disimular~.

¡Eres pintora, Dolly... y te avergüenzas de serlo! Dime, ¿sientes una afición honda, un gusto intenso de la pintura? ¿Te sale del fondo del alma el anhelo de reproducir lo que ves? ¿Ayúdante los ojos y la mano, y encuentras facilidad para dar satisfacción a tu deseo?

DOLLY

Facilidad, sí... digo, no... Me gusta... Quiero, y a veces no puedo...

EL CONDE

¿Y hace tiempo que sientes en ti ese ardor, esa fiebre del arte, don concedido a la criatura desde el nacer, que no se aprende, que se trae de otro mundo, de...?

DOLLY

Me entró la afición... qué sé yo cuándo.

NELL

Desde niña hacía garabatos...

EL CONDE

Ya me acuerdo. Cinco años tenías, y me quitabas todos los lápices.

LA MARQUEZA

¡Ángel de Dios!

EL CONDE

Y tú, Nell, ¿no dibujas?

NELL

¡Soy más torpe...! No sirvo... no acierto. Me aburro.

EL CONDE, ~con viveza~.

¡Tú eres pintora, Dolly, tú... tú!... ¡Y te avergüenzas!... Bueno, hijas, seguid jugando... Dejad aquí a los viejos que hablemos de cosas tristes. ~(Nell y Dolly se alejan y continúan su juego.)~

LA MARQUEZA

¡Qué par de serafines! Ya puede el señor estar contento. ~(El Conde no contesta. Mirando al suelo se sumerge en profunda abstracción.)~ ¿Qué tiene, mi señor, que está tan triste?

EL CONDE, ~como quien vuelve de un letargo~.

¡Ay, Marqueza, qué malo es vivir mucho!

LA MARQUEZA

Lleva razón. Mientras más se vive, más cosas malas se ven. Digo yo, gran señor, que los niños de pecho ya saben lo que hacen al morirse.

EL CONDE, ~con tristeza~.

¡Y otros ¡ay! qué bien harían en no nacer!... Porque después de nacidos y crecidos, ya no hay remedio...

LA MARQUEZA

¿Y los viejos, qué tenemos que hacer aquí?

EL CONDE

Por algo estamos cuando estamos.

LA MARQUEZA

Es verdad: somos troncos, que servimos para que las plantas tiernas se agarren y vivan.

EL CONDE

Tú eres útil, Marqueza. Hoy me has hecho un gran servicio.

LA MARQUEZA

¿Yo? ~(Pausa larga. El Conde vuelve a quedarse abstraído, cual si su espíritu se sumergiera en abismos profundos.)~ Señor... ¿qué le pasa que no habla?

EL CONDE, ~después de otra pausa~.

Has sido la Sibila que me ha revelado lo que yo quería saber. Dios me trajo a tu choza.

LA MARQUEZA, ~confusa~.

¿Qué dice que soy?

EL CONDE

Mis horribles dudas, gracias a ti, se han trocado en triste certidumbre...

LA MARQUEZA, ~creyendo fundado lo que se dice del desorden mental del Señor de Jerusa~.

¿Quiere que le dé un vasito de vino? Lo tengo blanco y bueno.

EL CONDE

No, gracias.

LA MARQUEZA

Lo que tiene mi Conde es debilidad.

EL CONDE

Es tristeza, y mi tristeza no se disipa bebiendo. Es muy honda. A veces el descubrimiento de la verdad nos amarga la existencia más que la duda. No sé cuál es más terrible monstruo, si la madre o la hija, si la duda o la verdad...

LA MARQUEZA, ~con espontánea filosofía, por decir algo~.

No se caliente la cabeza, señor... porque ¿de cavilar, qué sacamos? El cuento de que las mentiras son verdades y las verdades mentiras. Todo es dudar, gran señor... Vivimos dudando, y dudando caemos en el hoyo.

EL CONDE, ~con ingenua indecisión~.

¿Y qué debo hacer yo?

LA MARQUEZA

Pues dude siempre el buen padre, y hártese de dudar y de vivir... tomando las cosas como vienen, y vienen siempre dudosas.

EL CONDE

Eres la Sibila de la duda. Te agradezco tu filosofía. No sé si podré seguirla.

NELL, ~corriendo hacia el anciano~.

Abuelo, vienen a buscarnos.

EL CONDE

Sí, es Venancio; oigo su rebuzno.

~(Aparecen Venancio y un Mozo por entre un grupo de castaños.)~

ESCENA X

~LOS MISMOS; VENANCIO y un MOZO con paraguas y capotes.~

VENANCIO

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Un respiro entre páginas.

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