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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 25

Comienzo · continuación 25

NELL, ~cariñosa~.

Por Dios, hermana, no te acerques al abismo.

EL CONDE

Dolly, no hagas tonterías... Una tarde, siendo Rafael niño, quiso descender por esta escarpa... Al primer salto que dio, ya no podía bajar ni subir. ¡Qué susto pasó su madre! ¡Nos costó un trabajo subirle!

DOLLY

¡Qué trance!...

NELL

De pensarlo, me da escalofríos.

DOLLY

Dicen que nuestra abuelita era muy hermosa... ~(Se sientan las dos junto al Conde.)~

EL CONDE

Sí: la figura más arrogante y noble que podríais imaginar.

DOLLY

Y que Nell se le parece mucho.

EL CONDE, ~mirando a Nell~.

No sé... no veo bien las facciones de tu hermana.

NELL

Por el retrato que hay en casa, más se parece a Dolly que a mí.

DOLLY

¡Si fuera verdad! ¡Qué gusto parecerse a una señora tan santa y tan... bonita! Abuelo, mírame bien, y haz memoria.

EL CONDE

Dime que haga vista.

DOLLY

¿Me parezco?

EL CONDE, ~confuso, mirándola de cerca~.

No sé... No veo...

NELL, ~que se ha levantado para sentarse en mejor sitio, junto a la roca~.

Eso no puede decirlo más que el abuelo.

DOLLY

Eso no puede decirlo más que el abuelo.

EL CONDE, ~sobrecogido por la igualdad del timbre de las voces~.

¿Quién habla?

LAS DOS

Yo.

EL ECO, ~repitiendo la voz de Nell~.

Yo.

EL CONDE

Ese _yo_ me ha sonado como si lo pronunciara mi pobre Adelaida, vuestra abuela.

NELL, ~riendo~.

Es el eco, papá. ~(Gritando.)~ Conde de Albrit, soy yo.

DOLLY, ~que corre junto a su hermana y grita~.

Soy yo... yo... ~(El eco repite la voz de entrambas.)~

EL CONDE, ~tembloroso, profundamente excitado~.

Venid aquí... No os apartéis de mi lado... No hagáis hablar al eco... Me asusta.

DOLLY

¿De veras?

NELL

No creas, a mí también me asusta un poquitín.

EL CONDE, ~para sí~.

¡Confusión horrible!... «Soy yo,» dice la Naturaleza... ¿Y quién eres tú?... ~(Reflexionando.)~ ¿Será Nell la mala?... ¿Será Dolly? ~(Se clava los dedos en el cráneo, y permanece un rato en actitud de meditación o somnolencia. Un trueno retumba, con formidable sucesión de sonidos pavorosos.)~

DOLLY

¡Jesús, qué miedo!

NELL

¡María Santísima!

EL CONDE, ~vivamente, creyendo hallar un dato~.

¿Cuál de las dos se asusta de los truenos?

NELL

Yo.

DOLLY

Y yo... pero me hago la valiente. No me rinde un poco de ruido.

EL CONDE, ~para sí~.

Carácter entero.

NELL

Yo no finjo, yo no disimulo la falta de valor. Digo lo que siento. Cualidad de la familia, como decía papá.

EL CONDE

Es cierto... Ven acá, que yo te bese.

DOLLY

¿Y a mí no?

EL CONDE

También a ti. ~(Las besa y abraza.)~

NELL, ~con efusión~.

Abuelo del alma, las niñas de Albrit te adoran.

EL CONDE, ~asustado~.

Por Dios, no gritéis, no hagáis hablar al eco... Me espanta... no lo puedo remediar.

DOLLY

¿Y los truenos no te impresionan? ~(Retumba otro.)~

EL CONDE

Los truenos, no; el eco, sí. La tempestad corre hacia el Este.

NELL

Hay una clara. ¿Quieres que nos vayamos?

EL CONDE, ~levantándose~.

Sí... La gruta me confunde más de lo que estoy... Estas rocas son mi propio cerebro... Siento el eco aquí, como si mis ideas hablasen solas.

DOLLY

Ahora no llueve. Aprovechemos esta clara, y vámonos. En cinco minutos llegaremos a las primeras casas; y si el aguacero se repite, nos metemos en la casucha de la tía Marqueza.

NELL

Bien pensado. Y con cualquiera de los chicos mandamos un recado a la Pardina.

EL CONDE

Sí, vamos... Llevadme. ~(Salen de la gruta.)~

ESCENA IX

~Casa pobre de campo, de un solo piso, de una sola puerta, con dos ventanuchos tuertos. Sale el humo en bocanadas por entre las tejas musgosas, que en sus junturas y en las jorobas del caballete ostentan un jardín botánico en miniatura, colección lindísima de criptógamas y plantas parásitas. Junto a la casa, un huerto mal cercado de pedruscos, con un albérchigo desgarbado, un madroño copudo, varios girasoles con sus caras amarillas, atónitos ante la lumbre del sol, y unas cuantas coles agujereadas por los gusanos. La fauna consiste en un cerdo libre, que hociquea en el charco formado por la lluvia; dos patos, gallinas, y todos los caracoles y babosas que se quieran poner. Las moscas, huyendo de la lluvia, han querido refugiarse en el interior de la casa, y como el humo las expulsa, voltejean en la puerta sin saber si entrar o salir.~

~Agréganse a la fauna niño y niña, descalzos y con la menor ropa posible, y una vieja corpulentísima, mujer de excepcional naturaleza, nacida para poblar el mundo de gastadores, y que por su musculatura, en cierto modo grandiosa, parece prima hermana de la Sibila de Cumas, obra de Miguel Ángel.~

~LA MARQUEZA, EL CONDE, NELL y DOLLY; los dos NIÑOS~

LA MARQUEZA

Mira, Gilillo, ¿no es aquel el señor Conde con sus nenas?

NIÑO

Sí que son... madre, ellos... _Cá_ vienen.

LA MARQUEZA, ~adelantándose a recibirles~.

Señor mi Conde, Dios le guarde. ¡Quién pensara verle más!... ¿Quiere descansar?

NELL

Sí: descansaremos un rato.

DOLLY

No llueve. Madre Marqueza, sáquenos el banquito.

EL CONDE, ~muy complacido, mientras la anciana le besa la mano~.

Gracias, mujer... ¿Era tu marido Zacarías Márquez?

LA MARQUEZA

¡Ay, señor... no me haga llorar recordándomelo!... Hace dos meses que me le quitó Dios...

EL CONDE

Era más viejo que yo, mucho más. Buen hombre, recio como ninguno para el trabajo, y honrado a carta cabal.

LA MARQUEZA

Vea, señor, a qué pobreza hemos llegado desde el tiempo de usía... Entonces teníamos hacienda, ganado, y Zacarías traía napoleones a casa.

EL CONDE

¡Ay! desde aquel tiempo ha dado muchas vueltas y sacudidas el mundo, y se han caído algunas torres. Otros conozco yo que eran más ricos que tú, mucho más, y ahora son pobres, más pobres que tú... Y tus hijos, ¿qué ha sido de ellos? Yo recuerdo unos mocetones como castillos...

LA MARQUEZA

En la América están dos... Dicen que ricachones. Los demás se han muerto. Para mí, muertos todos... Pasó la nube, señor, y se llevó lo bueno, dejándome a mí para rociarlo con mis lágrimas. Estas criaturas son de mi hija la Facunda, que enviudó por San Roque, y en las minas trabaja como una mula. Vivimos en miseria. Dispénseme, señor mi Conde; pero no tengo nada que ofrecerle.

EL CONDE

Gracias. Yo tampoco puedo darte más que palabras tristes... el tesoro del pobre. Estamos iguales.

NELL

Marqueza, yo te voy a traer ropita para tus nietas.

DOLLY

Y yo los cuartitos que tengo ahorrados, para que tú les compres lo que quieras. ~(Se van a jugar con los chicos junto a unos troncos.)~

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Un respiro entre páginas.

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