CAPÍTULO 22
Comienzo · continuación 22
Señor, usía me honra demasiado.
NELL, ~con lástima~.
¿Y por qué es mártir D. Pío?
DOLLY
¿No tiene muchas hijas?
EL CONDE
Pero no son buenas, como vosotras.
NELL
¡Ay, pobrecito, cuánto padecerá!
DOLLY, ~compadecida~.
Ya no volveremos a hacerle rabiar.
EL CONDE, ~notando, por los hondos suspiros que exhala Coronado, su disgusto de aquella conversación~.
No se hable más de eso. Y ahora que nos hemos encontrado y no necesita usted estar al cuidado de las señoritas, puede irse a descansar, Sr. Coronado.
D. PÍO, ~tímidamente~.
Señor Conde, yo no puedo dejar a las señoritas, porque el Sr. Venancio me encargó mucho que no les consintiera separarse de mí; que con ellas salía y con ellas tenía que volver a casa.
EL CONDE, ~picado~.
Ya que no es usted su maestro, porque ellas no aprenden, le mandan a usted que sea su pastor. Pues para pastorear este rebaño, me basto y me sobro, Sr. Coronado.
D. PÍO
No se incomode, señor. Yo no hago más que cumplir las órdenes de Venancio.
EL CONDE, ~dominando su ira por hallarse frente a un ser débil e inofensivo~.
¿Y mis órdenes no significan nada para usted? Ese bestia mandará en su casa, pero no en mi familia.
NELL, ~asustada~.
Abuelito, por amor de Dios, no te incomodes.
DOLLY
¡Si D. Pío se va!... ¿Qué tiene que hacer más que lo que tú le mandes?
EL CONDE
Ya ves cómo no lo hace, y me obligará a decirlo segunda vez, cuando estoy acostumbrado a que a la primera se me obedezca.
NELL
Váyase, D. Pío... Piito, lárgate.
D. PÍO, ~levantándose perezoso~.
Señor Conde, yo creí...
EL CONDE, ~impaciente, sin poder contenerse~.
Pronto... Retírese usted.
D. PÍO, ~tocando las castañuelas~.
Me retiro, puesto que lo manda usía con tanto imperio... Y si me riñen allá, que me riñan... Lo que yo digo: es malo ser bueno.
~(Saluda y se aleja.)~
ESCENA VIII
EL CONDE, NELL, DOLLY
NELL
Ya estamos solitos los tres.
DOLLY
¡Qué gusto!
EL CONDE
Los dos, digo, los tres, porque vosotras, ¡ay! sois dos, aunque a mí me parezcáis una.
NELL
¡Que parecemos una!
EL CONDE
Lo he dicho al revés: sois una, aunque parezcáis dos... No está bien hoy mi cabeza... Quiero decir que en vosotras hay algo que sobra.
DOLLY
¿Algo que sobra? Ahora lo entiendo menos.
NELL, ~con agudeza~.
Quiere decir el abuelo que en nosotras, en las dos, no en una sola, hay lo malo y lo bueno.
DOLLY
Y lo malo es lo que sobra.
EL CONDE
Y debe quitarse, arrojarse fuera.
NELL
O será que una de nosotras es mala, y la otra buena. ~(Míranle atentas al rostro.)~
EL CONDE
Quizás...
NELL, ~generosa~.
En ese caso, la mala soy yo y la buena Dolly.
DOLLY, ~correspondiendo~.
No, no: la mala soy yo, que siempre estoy haciendo diabluras.
EL CONDE, ~atormentado de una idea~.
Chiquillas, acercaos más a mi; aproximad vuestros rostros para que os vea bien. ~(Se ponen una a cada lado, y él las abraza. Las tres cabezas resultan casi juntas.)~ Así, así... ~(Mirándolas fijamente y con profunda atención.)~ No veo, no veo bien... ~(Con desaliento.)~ Esta condenada vista se me va, se me escapa cuando más la necesito... Y por más que os miro, no hallo diferencia en vuestros semblantes.
NELL
Dicen que nos parecemos. Pero Dolly es un poquito más morena que yo, menos blanca.
EL CONDE, ~con gran interés~.
¿Y el cabello, lo tenéis negro las dos, muy negro, muy negro?
DOLLY
Sí, _estrepitosamente_ negro. El pelo castaño de mamá es más bonito.
EL CONDE
¡Qué ha de ser!
DOLLY
Otra diferencia tenemos. Mi nariz es un poquitín más gruesa.
NELL
Y mi boca más chica que la tuya.
EL CONDE
¿Y los dientes?
NELL
Las dos los tenemos preciosos; no es por alabarnos.
DOLLY
Pero yo tengo este colmillo un poquito encaramado... así, como retorcido. Toca, abuelito. ~(Llevándose a la boca el dedo del Conde.)~
EL CONDE
Es verdad... colmillo retorcido.
NELL
Otra diferencia tengo yo: un lunar en este hombro.
DOLLY
Yo tengo dos más abajo, así de grandes.
EL CONDE, ~preocupado~.
¿Dos?
DOLLY
Sí, señor: dos que parecen tres.
EL CONDE, ~soltándolas de sus brazos.~
Vuestros ojos, cuando los examino con mi corta vista, me parecen igualmente bellos. Nell, hazme el favor de mirar bien el color de los ojos de tu hermana... Y tú, Dolly, fíjate bien en los de Nell. Decidme el color... justo.
NELL
Los ojos de Dolly son negros.
DOLLY
Los de Nell son negros: pero los míos son más.
EL CONDE, ~con interés ansioso.~
¿Más? ¿Los tuyos, Dolly, tienen acaso un viso verde?
NELL
Me parece que sí... entre verde y azul.
DOLLY, ~mirando de cerca los ojos de su hermana.~
Lo que tienen los tuyos es rayitas doradas... Sí, sí, y también algo de verde.
EL CONDE
Pero son negros. Los de vuestro papá, mi querido hijo, negros eran como el ala del cuervo.
NELL
Era guapísimo papá.
EL CONDE, ~suspirando~.
¿Os acordáis de él?
DOLLY
¡Pues no hemos de acordarnos!
NELL
¡Pobrecito, cuánto nos quería!
DOLLY
Nos adoraba.
EL CONDE
¿Cuándo le visteis por última vez?