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El abueloBenito Pérez Galdós

CAPÍTULO 13

Comienzo · continuación 13

SENÉN

Cuando lo digo, es porque lo sé... y lo pruebo.

LUCRECIA

¡Él también en Verola!... ¡Ah! lo sabes por su ayuda de cámara, que es tu primo. ¿Estás seguro?

SENÉN

Prométame la señora que si encuentra allí al señor Marqués le pedirá la fianza. Con eso me basta.

LUCRECIA, ~rehaciéndose, avergonzada de sostener coloquio familiar con un inferior~.

Yo veré... Ignoro en qué disposición encontraré a Ricardo.

SENÉN, ~muy animado~.

Prométame hablarle de mi fianza si le encuentra en buena disposición. Me conformo.

LUCRECIA

Te prometo no olvidar el asunto, mirarlo con interés... siempre que tú me asegures una lealtad a toda prueba...

SENÉN, ~con aspavientos de adhesión~.

¡Señora!...

LUCRECIA, ~tapándose la nariz~.

Retírate...

SENÉN

¿Qué... está la señora constipada?

LUCRECIA, ~burlona~.

No, hombre... Es que usas unos perfumes tan fuertes, que no se puede estar a tu lado... Vete ya.

SENÉN, ~turbado~.

Pues yo creía... No molesto más... ~(Saludando a distancia.)~ Señora...

LUCRECIA, ~agitando con su pañuelo el aire, para alejar los miasmas olorosos~.

¡Qué desgraciada soy, Dios mío! ¡Tener que soportar a ese animalejo, y oírle, y olerle... solo porque le temo!...

LA ALCALDESA, ~que vuelve de meter en cintura a sus niños~.

¿Qué hace usted, Lucrecia?

LUCRECIA

Limpiar la atmósfera de los perfumes que usa este imbécil.

LA ALCALDESA, ~riendo~.

Sí, sí: tiene infestada... toda la población.

~(Entra en el jardín _Capitán_, el perrito de la Pardina, y corre hacia las niñas, brincando de alegría, y meneando el plumacho que tiene por cola.)~

DOLLY, ~bajándose para cogerle de las patas delanteras~.

Hola, pillo, ¿vienes a ver a tus niñas?

NELL

¿Qué trae por aquí el chiquitín de la casa? Tú no has venido solo, _Capitán_.

DOLLY

¿Con quién has venido?

EL ALCALDE, ~a Lucrecia~.

Ahí tiene usted a Venancio, con un recado del _León de Albrit_... Cuidado que no le llamo flaco ni gordo, ni hablo de sus pulgas.

LUCRECIA, ~demudada~.

Voy... ¿Qué será? ~(Entra en la casa, acompañada de la Alcaldesa.)~

EL ALCALDE, ~a Consuelito, que ávida de noticias se le aproxima~.

Esta tarde no podremos librarnos del orfeón. Ya le he dicho a Fandiño que con un par de cantatas nos daremos por bien servidos.

CONSUELITO

Y echarán, aplicándolo a tu amiga, el coro dedicado a Isabel la Católica, que dice: «Salve, matrona excelsa...» ~(Cantando.)~

EL ALCALDE

El tábano de Cea debiera celebrar su _interbú_ contigo. Pero como estás sorda, le encargaré que se traiga una trompetilla.

CONSUELITO, ~amenazándole con su abanico~.

¡Sorda yo!

EL ALCALDE

Quiero decir que debieras serlo... y muda.

CONSUELITO

Eso quisieras tú, para hacer mangas y capirotes en el Ayuntamiento.

LUCRECIA, ~que vuelve de la casa, con la Alcaldesa y el Cura~.

Mi noble suegro me pide hora y sitio para nuestra entrevista. He dicho a Venancio que le contestaré esta tarde.

EL CURA

Me parece bien que no se demore el careo. Sea usted humilde si él es orgulloso. Tiene usted la juventud, la fuerza, no sé si la razón... Él es anciano, infeliz... Merece indulgencia.

LUCRECIA, ~mirando más al suelo que a los que la rodean~.

No sé qué pretenderá... Lo sabremos mañana.

EL ALCALDE

Citémosle aquí. Verá usted cómo conmigo no se desmanda. ¡Leoncitos a mí!

LUCRECIA, ~vacilando~.

No sé... no sé...

CONSUELITO

Si quiere usted celebrar la entrevista en mi casa, pongo a su disposición una sala hermosísima... Con franqueza. Estarán ustedes solitos... Se cierran bien las puertas...

LUCRECIA

No, gracias... Iré a la Pardina.

EL CURA

Fije usted la hora, y yo le llevaré el recado.

LUCRECIA

Mañana, a las diez.

LA ALCALDESA, ~desconsolada~.

¡Mañana que pensaba yo llevármela a visitar a las monjitas!

EL ALCALDE

Y el colegio, y la fábrica, y el matadero, y los casinos de la _masa obrera_, y el hospital, y el instituto, y las escuelas... Condesa, que espere el león un día más.

LUCRECIA

No puede ser, mi querido D. José María, porque me voy mañana.

LA ALCALDESA, ~con asombro y cierta indignación, de que participa su esposo~.

¿Cómo es eso? ¡Lucrecia, por Dios...!

EL ALCALDE, ~dando resoplidos~.

¡Trómpolis! Eso no es lo tratado.

LA ALCALDESA

No, hija mía; no lo consentimos. Dijo usted que cuatro días.

EL ALCALDE

Me opongo. Saco la vara.

EL CURA

Y yo saco el Cristo.

CONSUELITO

¡Ingrata! ¡Dejarnos tan pronto!

LUCRECIA, ~remilgada, suspirando~.

Lo siento en el alma...

EL CURA

¿Pero tan mal la tratamos?

CONSUELITO, ~poniendo morros~.

Sin duda la tratan mejor en Verola, en el castillo de sus amigos los Donesteve.

LUCRECIA

Compromiso ineludible. Me esperan mañana. Pero no hay que apurarse... volveré.

EL ALCALDE, ~con grosería~.

¿De veras? ¡Cómo nos está tomando el pelo!

LA ALCALDESA

No, no nos engaña. Volverá.

LUCRECIA

Como que es muy probable que allí determine llevarme a las chiquillas... Francamente, me inquieta un poco dejarlas en Jerusa.

EL CURA, ~frunciendo el ceño~.

Tal vez...

NELL, ~corriendo hacia su madre~.

¡Mamá, el orfeón!

DOLLY

¡El orfeón! Ahí están.

NELL, ~batiendo palmas~.

¡Qué gusto!

DOLLY

¡Qué alegría!

CONSUELITO, ~cantando bajito~.

«Salve, matrona excelsa...»

ESCENA V

~Sala baja en la Pardina.~

LUCRECIA, ~sentada, melancólica, mirando al suelo~; EL CONDE, ~que entra por el foro~.

EL CONDE

Señora Condesa... ~(Se inclina respetuosamente. Saluda ella con fría reverencia.)~ Agradezco a usted que haya tenido la bondad de concederme esta entrevista, aunque para merecer yo favor tan grande haya tenido que venir a Jerusa. ~(Toma una silla, y se sienta cerca de ella.)~

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Un respiro entre páginas.

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