CAPÍTULO 1
Comienzo
# ¿Quién lo dice? Evaluar fuentes sin volverse loco
No puedes verificar cada afirmación como un científico: no daría la vida. Por eso dependes de **fuentes**. La pregunta honesta no es «¿puedo fiarme?», sino «¿de quién puedo fiarme más, y por qué?». Un filtro rápido vale por mil desconfianzas.
## Paso 1. ¿Quién lo dice y qué sabe del tema?
Mira la autoría: ¿es un especialista, un periodista, una empresa, un anonimato? La opinión de un médico sobre salud pesa más que la de un influencer; y sobre su propio campo, no sobre cualquier cosa. «Experto» no es un título universal.
## Paso 2. ¿Trae evidencia o sólo emociones?
Una fuente sería cita de dónde saca lo que afirma: estudios, datos, documentos enlazados. Una que manipula apela a tu miedo o tu ira y sustituye pruebas por adjetivos. Si sientes mucha emoción y ves pocas fuentes, es una señal.
> Quien te da el enlace al dato te deja comprobar; quien sólo te da el titular te pide confiar a ciegas.
## Paso 3. ¿Con qué interés lo dice?
Pregúntale a la información: «¿a quién le conviene que yo crea esto?». Una marca elogiando su producto, un partido exagerando logros ajenos o una web que vive de tus clics tienen un sesgo estructural. No mienten siempre, pero tienen una inclinación que debes descontar.
## Paso 4. ¿Cuándo se dijo?
Un dato de hace diez años sobre vacunas o tecnología puede estar obsoleto. Revisa la fecha: en temas que cambian, la actualidad importa tanto como la solidez.
## Paso 5. ¿Lo dice alguien más?
Una afirmación extraordinaria respaldada por una sola fuente es débil. Busca **corroboración**: si medios o instituciones independientes coinciden, gana fuerza. Que algo aparezca repetido en cuentas idénticas no es consenso: es un copy-paste.
## Fuentes en escalones
No son todas iguales. En general: documentos originales y centros de investigación > medios con rigor y correcciones > blogs divulgativos bien citados > contenido sin firma ni fecha > cadenas de indignación. Aprende a ubicar cada mensaje en esa escalera.