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Más de cinco sentidosRedacción Lumbre

CAPÍTULO 1

Más de cinco sentidos

En la escuela aprendemos que hay cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. La lista viene de hace más de dos mil años, cuando Aristóteles los contó así. Pero el cuerpo humano tiene bastante más que cinco formas de enterarse de lo que ocurre. Cerrar los ojos y tocarte la nariz con el dedo demuestra que hay un sentido que no aparece en esa lista: sabes dónde está tu mano sin mirarla. Esta lectura reúne los sentidos «escondidos» que usas todo el día sin pensar en ellos.

Los cinco clásicos

Empecemos por los conocidos. La vista capta la luz con los ojos; el oído recoge las vibraciones del aire; el olfato detecta las moléculas que flotan en el aire y llegan a la nariz; el gusto reconoce los sabores en la lengua; y el tacto siente la presión, el calor y el dolor en la piel. Cada uno tiene células especializadas que convierten un estímulo del exterior en una señal eléctrica que viaja al cerebro. Son la puerta de entrada al mundo de fuera.

Saber dónde está tu cuerpo

El sentido que te dejó tocarte la nariz con los ojos cerrados se llama **propiocepción**. En los músculos y las articulaciones hay sensores que informan constantemente al cerebro de la posición de cada parte del cuerpo. Gracias a la propiocepción puedes caminar sin mirarte los pies, teclear sin ver las teclas o llevarte un vaso de agua a la boca mientras hablas. Es el sentido de la postura y del movimiento propio.

Muy relacionado está el **sentido vestibular**, que vive en el oído interno. Unos canales llenos de líquido y unos cristalitos diminutos detectan los giros de la cabeza y la aceleración. Es el que te mantiene en equilibrio: por eso, cuando das muchas vueltas, el líquido sigue moviéndose y sientes que el mundo gira.

Lo que pasa dentro de ti

Hay otro sentido que mira hacia adentro, no hacia afuera: la **interocepción**. Es la capacidad de notar las señales de tu propio interior, como el hambre, la sed, las ganas de respirar hondo, el latido acelerado del corazón o las mariposas en el estómago. La interocepción te avisa de lo que tu cuerpo necesita antes de que se vuelva un problema, y también influye en cómo sientes las emociones.

Ni cinco ni una cifra exacta

Si sumamos vista, oído, olfato, gusto, tacto, propiocepción, equilibrio e interocepción, ya vamos por ocho, y algunos investigadores desglosan todavía más: separan, por ejemplo, la sensación de temperatura y la del dolor del tacto general. Por eso no hay un número único y cerrado de sentidos; depende de cómo los agrupemos. Lo que sí es seguro es que la lista escolar de cinco se queda corta.

Un equipo que trabaja junto

Lo más interesante no es cuántos hay, sino que casi nunca funcionan por separado. Cuando comes, el gusto y el olfato se combinan para darte el sabor completo: por eso la comida parece insípida cuando estás resfriado y no hueles bien. Y cuando caminas, la vista, el equilibrio y la propiocepción colaboran para que no te caigas. Los sentidos no son cinco cajones aislados, sino un equipo que le da al cerebro, a cada instante, un retrato bastante completo de ti y del mundo.

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Un respiro entre páginas.

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